El mensaje pascual de José María Arancedo

El arzobispo hizo público su mensaje tradicional para la Semana Santa.

2018-03-30 arancedo
Monseñor José María Arancedo

Texto completo del mensaje pascual

Celebremos con gozo la Pascua del Señor que es el camino hacia una Vida Nueva y a una esperanza que no conoce el ocaso de la muerte. Cristo ha resucitado, es la certeza de que el bien ha triunfado sobre el mal y de que nuestra vida tiene un sentido que trasciende a la muerte. No somos algo más en la creación. En la Pascua se cumple el motivo del envío de Jesucristo al mundo: “Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna” (Jn. 2, 16). Este acto del amor de Dios hace de la Pascua un hecho universal, no reducido a un grupo determinado. El don que nos trae Jesucristo no es algo automático, necesita de nuestra libertad.

Llegamos al conocimiento de este hecho, la resurrección de Cristo, por el testimonio, en primer lugar, de él mismo que nos lo anunció en el Evangelio, pero también, por el testimonio de quienes lo vieron y trasmitieron. Así, el acto de fe que nos lleva al encuentro con Jesucristo y nos abre a su gracia, se apoya en el testimonio. Es la experiencia de María Magdalena ante el sepulcro vacío, a la que el Señor con su palabra le da el sentido y la misión de la Pascua: “Ve a decir a mis hermanos: Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes. María fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho estas palabras” (Jn. 20, 17). Una mujer, María Magdalena, fue la primera en anunciar a los apóstoles la resurrección de Jesucristo.

San Pablo va a reafirmar este camino de la fe cuando le dice a los romanos: Pero, ¿cómo invocarlo sin creer en él? ¿Y cómo creer, sin haber oído hablar de él? ¿Y cómo oír hablar de él, si nadie lo predica? ¿Y quiénes predicarán, si no se los envía? (Rom. 10, 14). La fe, como vemos, se trasmite por la predicación y es, por ello, un don y una tarea que nos compromete. Es más, si no vivimos y predicamos a Jesucristo lo terminaremos perdiendo, él no ha venido para un grupo exclusivo sino para todos. No somos dueños de la fe en Jesucristo, somos sus discípulos y misioneros para nuestros hermanos. Vivamos con alegría la celebración de la Pascua, que es la fuente que da sentido a nuestra vida.

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz