La natación para bebés es una actividad que muchas familias eligen para favorecer el desarrollo físico de sus hijos. Si bien poco tiene que ver con el nadar o el aprender a nadar como la mayoría de las personas lo conoce, la realidad es que se trata de un ejercicio muy útil para ayudar a los niños a moverse y desarrollarse en el agua.

En los últimos años se han realizado diversos estudios con el objetivo de comprobar o refutar los beneficios de este tipo de actividad en niños pequeños. En efecto, la gran mayoría de ellos han podido verificar cuáles son los aspectos positivos de llevar a los bebés a natación -aunque nadar no sea exactamente lo que aprendan-.

Los especialistas definen a la natación para bebés como una actividad que combina juego, placer, estímulo y experiencia. Sin embargo, es importante aclarar que no solo es disfrute de los padres y del bebé, sino que también aporta una serie de beneficios físicos y mentales para el pequeño y su desarrollo.

Entre los principales hallazgos de las investigaciones se pueden mencionar el desarrollo psicomotor y una mayor coordinación motriz. Asimismo, facilita movimientos y experiencias motrices que provocan un aumento del repertorio motor, al tiempo que facilita el fortalecimiento del sistema cardiotorácico. Por último, regula el tono muscular -importante para la estática y el equilibrio- y contribuye a mejorar las relaciones afectivas entre los padres y su hijo.

Pero, ¿qué hace que esta actividad sea tan positiva para el desarrollo de tantas facetas del bebé?

Esta pregunta tiene múltiples respuestas porque no existe un solo factor de la natación que impacte en forma efectiva sino que hay muchos que lo hacen.

En primer lugar, la inmersión es uno de los principales ejercicios que el bebé puede realizar en la pileta. La inmersión total se considera indispensable en el proceso de desarrollo y adaptación a la natación. Se lleva a cabo en las primeras etapas, pero siempre en forma gradual y en compañía de la madre o el padre o ambos. A su vez, es importante que el bebé se encuentre relajado y dispuesto a hacerlo, ya que de lo contrario podría ser contraproducente para él y su desarrollo. A través de la inmersión el pequeño podrá adquirir equilibrio acuático y reaccionará con sus reflejos innatos de supervivencia, mientras que también aprenderá a flotar y a propulsarse en el medio. Por último, adquirirá reflejos natatorios -movimientos de brazos y piernas con carácter rítmico-, reflejos de chapoteo -los especialistas la llaman marcha automática en el agua y es la manifestación de placer del bebé al reconocer el medio líquido- y reflejos de protección de la respiración -considerado como el más importante en esta práctica, es la activación de un mecanismo de cierre de las vías aéreas altas-.

Sin embargo, es importante considerar que existen algunos aspectos que pueden impactar negativamente en la salud del bebé. Si bien son pocos y la mayoría se da solo en algunos niños, deben tenerse en cuenta al momento de realizar esta actividad con un bebé.

En primer lugar, se deben mencionar las enfermedades infecciosas o inflamatorias y las enfermedades otorrinolaringológicas, como la otitis, por ejemplo. Por otro lado, las patologías de la piel y las hidrofobias acentuadas también pueden desarrollarse como consecuencia de esta actividad.

Por eso, los especialistas recomiendan que la pileta cumpla algunos requisitos esenciales. La temperatura debe estar alrededor de los 32 grados centígrados porque el bebé dispone de una piel menos gruesa, lo cual favorece la pérdida de calor. A su vez, el nivel de cloración del agua debe estar entre en 0,5 y el 0,6%, lo cual es casi la mitad de lo indicado para una pileta de adultos. Por último, tanto el agua de la pileta como los vestuarios donde se cambia al bebé deben estar bien desinfectados para evitar el desarrollo de enfermedades relacionadas a una mala desinfección.

En conclusión, se puede decir que la natación para los bebés es realmente beneficiosa para el desarrollo de capacidades motrices y cognitivas. Sin embargo, es importante aclarar que, aunque pocos, existen algunos efectos adversos a los que se expone el niño en la pileta y que pueden perjudicar severamente su salud.