Según pudo averiguar Toda Pasión, en cada ciudad la Copa se exhibe a lo largo de todo el día. Una vez finalizado el horario de visita, es resguardada en una habitación de un hotel que solo la organización conoce.

Por la noche, siempre hay al menos un guardia de seguridad que se queda en la habitación con el trofeo. Vigilancia extrema las 24 horas.

El secreto está bajo llave: ni los empleados del hotel saben en qué número de cuarto se esconde el trofeo. También se refuerza la seguridad en los pasillos de los hoteles y así evitar cualquier contratiempo.

La Copa que se robaron un argentino y un brasileño
Es una historia conocida y que explica, en parte, el mega operativo para resguardar la gran joya del fútbol. En 1983 una banda liderada por tres brasileños y un argentino se robaron la Copa Jules Rimet, la que anteriormente obtenían los campeones del mundo.

Todo comenzó en 1970: Brasil obtuvo su tercer Copa pero además se ganó el derecho de llevársela a su país como todos los campeones hasta ese momento.

El robo fue idea de Antonio Pereira Alves, un banquero que solía visitar las exoficinas de la Confederación Brasileña de Fútbol. Al ver la poca seguridad que había para proteger la Copa Jules Rimet, reunió un equipo y ejecutó el plan un 19 de diciembre del ‘83.

En ese equipo, compuesto por cuatro personas, había un argentino: Juan Carlos Hernández, un joyero que estaba instalado en Río de Janeiro.

Los ladrones fueron capturados porque la Policía dio con un testimonio trascendental. Antes del robo, Pereira Alves intentó sumar al equipo a su amigo Antonio Setta, un ladrón experto en cajas fuertes. Pero éste se rehusó porque durante la final de la Copa 1970, entre Brasil e Italia, su hermano murió mientras miraba el partido. Fue él quien le contó el plan a la Policía.

Sin embargo las autoridades nunca recuperaron la Copa. No se sabe qué pasó con ella. La prensa brasileña en aquel entonces sugería que el argentino Hernández la había fundido y convertido en lingotes de oro. Los ladrones fueron condenados en 1988 a nueve años de prisión.

Poco después de este triste hecho la CBF pidió permiso a la FIFA para exhibir una réplica de la Copa robada.