La médica y militante feminista Alina Sánchez, que desde hacía ocho años trabajaba en el Kurdistán Sirio, falleció en un accidente de autos el sábado pasado.

Alina era miembro de las Unidades de Protección de las Mujeres (YPG) y trabajaba desde hacía años en “el establecimiento de un sistema alternativo de salud”.

Nacida en San Martín de los Andes en 1986, se había recibido de médica en Cuba e integraba la Academia de Gineología en el territorio que los kurdos llamaban Rojava.

La joven era conocida también con el nombre kurdo de Legerín Ciya, que significa “búsqueda de libertad” y se ocupaba de brindar tratamiento y cuidados a los heridos en combate, además de establecer conexiones con ONGs internacionales y organizaciones de la salud para asegurar apoyo a personas con necesidades urgentes.

En un comunicado, sus compañeros y seres queridos destacaron su “gran sensibilidad, alegría y compromiso”. “Hacía muchos años que había redoblado su compromiso con el pueblo kurdo y en especial con el movimiento de liberación de las mujeres”, destacaron.

Alina era una joven “fácil para las sonrisas y el trato con las personas”. La recuerdan “sensible y alejada de la charlatanería y el dogmatismo y tierna conspiradora por el bien de cuanta gente tratara”. También destacaron que “dio su vida por la revolución de las mujeres”.

“Su sonrisa dibujada no nos la arrancaran, su felicidad y satisfacción por las tareas y la vida que eligió, nos hablan de su enorme amor por la humanidad”, sostuvieron. “Alina era una muchacha de mirada clara, diría la canción. Era una sanadora no sólo de las heridas de guerra, sino también de las heridas del alma. Alina era una militante de tiempo completo, como lo son las compañeras kurdas. Alina era seria y alegre. Una persona llena de luz y de humildad revolucionaria”, destacó una de sus compañeras.