El gobernador de Santa Fe, Miguel Lifschitz

Todas las semanas, el gobernador de Santa Fe, Miguel Lifschitz, viaja a Buenos Aires. Lo hace para aprovechar la apertura al trabajo conjunto que –reconoce– encuentra en los despachos de Casa Rosada. Con Rogelio Frigerio, negocia los detalles para cobrar una deuda de 50.000 millones de pesos por la retención de fondos de la coparticipación. Y con Patricia Bullrich, los operativos de seguridad para blindar las ciudades de Rosario y Santa Fe.

Pero los últimos días del mandatario fueron particulares: de la mano de la cumbia de Los Palmeras, que el pasado fin de semana ofrecieron un recital gratuito en el Obelisco junto a la filarmónica provincial para más de 150 mil personas, Lifschitz ingresó en fase campaña para las elecciones del año que viene.

En una entrevista con Infobae, el mandatario analiza la posibilidad rearmar a nivel nacional un frente progresista que incluya a Martín Lousteau, Margarita Stolbizer y Ricardo Alfonsín, con quienes se reúne seguido en un conocido restaurante de Recoleta. Además, pone en duda las cifras que ubican a Rosario como la capital nacional de la violencia y critica al presidente Mauricio Macri.

Cuando abrió las sesiones ordinarias del Congreso, Macri habló de un “crecimiento invisible” de la Argentina. ¿Cómo analiza este concepto?

MF: Creo que el problema del “crecimiento invisible” es que requiere de una confianza casi ciega de la opinión pública y del electorado para asumir que existe y no se vea. Yo creo que la gente está esperando un crecimiento visible, que se sienta en el bolsillo, en el trabajo, en la actividad económica; creo que ese es el principal problema de la Argentina.

Me parece que el tiempo se empieza a agotar. En el tercer año hay que mostrar los resultados. Si uno dijo que iba a reducir la pobreza, hay que mostrar los índices; si uno dijo que iba a bajar la inflación, hay que mostrar la inflación de un dígito. Este es el problema que tiene el Gobierno, que ha ido posponiendo los resultado en el tiempo y ahora se empiezan a acortar los plazos.

¿Cómo es su relación con el Presidente?

Es una relación correcta, buena. Es verdad que no estoy dentro del grupo de provincias que tienen una mayor cercanía política con el Gobierno de Cambiemos ni estoy en el núcleo de gobernadores del peronismo que están muy en sintonía con el Gobierno. En ese marco, nos respetamos mutuamente, más allá de disentir en cuestiones políticas.

¿La relación entre el Gobierno y las provincias sigue siendo de “látigo y chequera”?

No ha cambiado demasiado. Hay que reconocerle que hay mucho más diálogo, apertura hacia todas las provincias, independientemente del color político. También es cierto que cuando uno mira la distribución de recursos no resulta parejo y no escapa al modelo de la Argentina, un país muy centralizado con escasa vigencia del federalismo.

Usted habló de un tiempo que se empieza a agotar para el Gobierno, pero Cambiemos da señales para una reelección y no parece surgir un armado opositor competitivo para el 2019. ¿Es así?

No aparece nadie que pueda capitalizar el descontento o la pérdida de expectativa, eso es real. Nosotros estamos en un tiempo de transición, la irrupción de Cambiemos en el 2015, algo que muchos no pensaban, introdujo un cambio muy importante en el escenario político y diluyó por un tiempo a las terceras fuerzas, entre ellos al espacio del progresismo, y desplazó del gobierno al peronismo. Y al peronismo fuera del gobierno le resulta difícil reorganizarse y encontrar nuevos liderazgos. El peronismo va a pasar muchos años hasta que vuelva a recuperar un liderazgo nacional.

Nosotros estamos llevando adelante algunas charlas con algunos dirigentes con los cuales tenemos alguna afinidad, como Margarita Stolbizer, Ricardo Alfonsín, y Martín Lousteau. Pareciera que no es mucho, pero tampoco es poco. No creo que haya tiempo hasta el 2019 para hacer algo competitivo, pero sí para ser la sorpresa.

¿Hay lugar en el corto plazo para un socialismo a nivel nacional?

Venimos de una buena experiencia en el 2011 con el FAP y Hermes Binner, algo que después no se pudo revalidar por la irrupción de Cambiemos, como ya te conté, y por el corrimiento del radicalismo que le quitó peso específico al espacio progresista. Hay un escenario abierto donde se empiezan a constituir nuevos polos de aglutinamiento; nosotros estamos empeñados en ser parte de una experiencia de ese tipo.

Después de octubre hay un sector de la sociedad que empieza a querer respuestas concretas, a querer resultados y empieza a ser más exigentes con la ética y los valores republicanos. El Gobierno ha cometido varios errores en los últimos meses.

¿Cómo cuales?

Se van mostrando fisuras. Es real que cuando uno se pone una camisa blanca cualquier manchita se nota.Una camisa oscura disimula mucho más. Un Gobierno que levanta la bandera de la ética, lucha contra la corrupción se expone a que todo se note. A veces se subestiman algunas situaciones, por ejemplo lo que sucedió con Jorge Triaca o la designación en la AFIP de un funcionario que es especialista en evadir impuestos en paraísos fiscales (Leandro Cuccioli). El Gobierno subestima el impacto que eso tiene en la opinión pública y esas son balas que empiezan a entrar.

¿Estos errores se deben a ingenuidad o soberbia?

Se subestima, no se le da importancia, y se supone que la gente, los periodistas ni el Presidente le den importancia. Y creo que no es así. Hay un núcleo del periodistas de distintos medios que empiezan a ser muy críticos del Gobierno. No me sumo a la crítica fácil, muchos de los que hoy critican hicieron cosas muchísimas peores, y con cero autocrítica hoy se ponen en la vereda de enfrente. La Argentina exige gobierno éticos después de las experiencias de los últimos 25 años.

Miguel Lifschitz, reunido con Mauricio Macri, Marcos Peña y Rogelio Frigerio en Casa Rosada

¿Por qué impulsa una reforma constitucional?

Es algo que no se plantea ahora, sino que se viene planteando desde hace 20 años, pero nunca se lograron los acuerdos necesarios. Trabajamos con expertos, especialistas, organizaciones de la sociedad civil, y además es un año no electoral. Santa fe, junto con Mendoza, son las únicas constituciones que no se reformaron desde 1983 en adelante. Quedamos muy atrás del resto de las provincias. Nuestra constitución es inconstitucional.

Y le abre la posibilidad de una reelección…

Es el tema menos importante. Se permitiría dos períodos, lo mismo que tienen todos los gobernadores del país, lo mismo que tiene el Presidente, pero también le pondría límites a las reelecciones indefinidas que hoy tienen los intendentes, legisladores. Incorpora el consejo de la magistratura, el sistema acusatorio penal. No voy a hacer campaña con ese tema, la reelección del Gobernador no es para nada un obstáculo.

¿Corre riesgo el pacto fiscal que Santa Fe suscribió con Nación?

Estamos a la expectativa de que se cumpla lo que nosotros hicimos incorporar , el compromiso del Gobierno antes del 31 de marzo de acordar la devolución de la deuda con Santa Fe. Hasta ahora no tenemos grandes avances y espero que se aceleren los tiempos sino no vamos a llegar. La deuda es hasta del día de hoy, como piso, de 50 mil millones. Es una deuda importante. Si no hay acuerdo sería muy grave desde el punto de vista institucional, el Gobierno estaría incumpliendo un fallo de la Corte y un acuerdo que se firmó hace 4 meses atrás, donde el propio presidente puso la firma. Sería quitarle confiabilidad a los pactos y los acuerdos.

¿Qué análisis hace del enfrentamiento entre el Gobierno y el sindicalismo, con Hugo Moyano en particular?

Creo que ha habido mucha corrupción en el sindicalismo y que la sigue habiendo. Eso no tiene nada que ver con la defensa de los intereses de los trabajadores. Está bien que la justicia investigue, sea por la denuncia del Gobierno o por intervención directa de los fiscales o jueces. Ahora, eso no nos puede llevar a usar esa situación como una medida de ante los gremios para discutir salarios a la baja. Si queremos una Argentina distinta, todos tenemos que animarnos a ponernos camisa blanca y saber que cualquier manchita se nota y que no es aceptado por la gente.

Integrantes de la banda “Los Monos”, durante el proceso judicial que tiene lugar en Rosario

¿Qué siente cuando se habla de Rosario como la capital nacional de la violencia narco?

Mirá, lo único que tiene distinto en menor proporción con otros lugares es el índice de homicidio. El resto de los índices de delito es muy bajo, no hemos tenido ni un caso de secuestro extorsivo, además de índices bajos de entraderas y salideras. En el caso de los homicidios se disparó en el año 2013, lo venimos bajando pero es un poco más alto que la media nacional, pero no es cierto que haya más consumo en Rosario que en Buenos Aires o Mar del Plata.

¿Pero no hay una autocrítica desde el socialismo, que gobierna la provincia desde hace 10 años?

Cuando asume Hermes Binner lo hace con una policía deteriorada, con alto nivel de delito y de presencia de narcotráfico. Y no genera ningún tipo de acuerdo con la policía, al contrario, queda una fuerza autonomizada del poder político sin un plan B. Desde el 2013 lo que se hizo fue trabajar con la justicia, investigar a las organizaciones criminales, no confiarse con la justicia federal, que no actuaba antes ni actúa ahora. Si querés, esa es la autocrítica.

Se refiere al juicio que investiga a “Los Monos”…

Sí, están siendo juzgadas por la justicia provincial y no por la federal como debería ser. Nosotros los estamos juzgando por asociación ilícita, por homicidios, pero la actividad principal de ese grupo que genera la violencia, es el narcotráfico, pero por eso no tienen ninguna causa. Tendrían que investigar los jueces y los fiscales y tener causas federales.