1. Santiago de Chile: el vestido de Lady Di
Una de las mayores colecciones de vestimenta de América Latina está al resguardo en una residencia de estilo japonés, en el barrio de Vitacura. Se trata del Museo de la Moda, instalado en lo que fue la residencia Yarur Bascuñán, por el nombre de una familia de industriales textiles. Se trata de una construcción inspirada tanto en las líneas de Frank Lloyd Wright como en la arquitectura japonesa, rodeada por un jardín oriental que forma una oasis verde en plena ciudad, a minutos de los hoteles y centros de compra.

El Museo de la Moda cumplió diez años en 2017 y para la ocasión exhibió una colección de vestidos de Diana Spencer. Durante el otoño se darán a conocer las exhibiciones previstas para este año, que por lo general son temáticas en torno a una época, un creador o una figura. Se presenta solamente una pequeña parte de la colección del museo, cuyos depósitos guardan piezas que trazan la historia de la moda a lo largo del tiempo. Entre ellas hay creaciones de alta costura europea de décadas pasadas y prendas que pertenecieron a celebridades, como un vestido rojo de Marilyn Monroe, otros de la princesa Diana y ropa que lucieron alguna vez Michael Jackson, Kurt Cobain, John Lennon, Madonna y Amy Winehouse.

En Av. Vitacura 4562.

2. Nueva York: el diablo ahora se viste en el MET

El Instituto de la Moda del Metropolitan Museum tiene una de las colecciones más asombrosas de vestimenta y accesorios del mundo (junto con los dos museos de París, el Victoria &Albert de Londres y el Museo de las Telas de Lyon, en Francia). Son más de 80.000 piezas en total, entre las cuales se hacen selecciones para presentar dos veces por año exhibiciones temporarias en torno de un tema o un creador. Este ala del museo existe desde 1959 cuando se compraron las colecciones del Museum of Costume Art, de las hermanas Lewisohn.

Luego de obras de reacondicionamiento, el ala fue inaugurada en 2014 (en presencia de Michelle Obama) y bautizada Anna Wintour Costume Center. Fue en homenaje a quien reina sobre el mundo de la moda desde los años 70 e inspiró el personaje interpretado por Meryl Streep en la película El diablo viste a la moda. Además del AWCC, las y los fashionistas pueden seguir dos visitas autoguiadas por el museo: una es Fashion in Art que comenta acerca de detalles y elementos del vestir en las piezas y obras exhibidas en todas las salas; la otra es Costume: The Art of Dress (con la voz de Sarah Jessica Parker) para seguir la evolución de la historia de la vestimenta por el museo. Al Nº1000 de la Quinta Avenida.

3. Toronto: de las polainas a los escarpines

Hay que tener un poco de imaginación para ver en el edificio de este museo una caja de zapatos, si bien es un rectángulo de cemento y vidrio. Fue construido por el arquitecto canadiense de origen japonés Raymond Moriyama en una de las avenidas céntricas de Toronto. El Bata Shoe Museum está dedicado a la historia del zapato y el calzado. Su colección se presenta sobre varios pisos, empezando por una llamativa muestra histórica.

Es el lugar indicado para ver la sandalia de un legionario romano, polainas del Medioevo o elegantes escarpines que hacían juego con las miriñaques de las elegantes damas del siglo XIX. Se exhibe también una réplica de los zuecos de Ötzi, el hombre de la Edad de Bronce cuyo cuerpo fue encontrado en un glaciar en los Alpes italianos.

La visita no es solo un viaje en el tiempo sino también una gira alrededor del mundo. Se ven sandalias doradas de reyes africanos, los zapatos rojos del papa Benedicto XV, botas de piel del Ártico. El museo fue creado en 1995 por la fundación de la familia Bata (checos que migraron a Canadá) con las colecciones personales de Sonja Bata, que empezó este trabajo de recopilación en sus numerosos viajes por el norte, donde conoció las distintas técnicas de fabricación de botas de las poblaciones esquimales. De hecho una sala entera del museo está dedicado a los distintos pueblos que viven alrededor del Polo Norte, desde el Labrador hasta los confines de Siberia. En 327 Bloor Street West.

4. París: dos por uno

París no sería París sin la moda, y la moda no estaría tan de moda sin París. Un museo lo resume todo y se llama sin vueltas Museo de la Moda y el Textil. Es un anexo del Museo de Artes Decorativas (a su vez situado en una de las alas del Louvre). Como las demás instituciones dedicadas a conservar prendas, no tiene exhibiciones permanentes porque las piezas no lo soportarían.

Así que destina los dos pisos de sus espacios a muestras temporarias y temáticas renovadas cada seis meses. El museo existe desde 1986 y fue constituido sobre la base de las colecciones que conformó el de Artes Decorativas a partir de su inauguración en 1905. Ese fondo recibió también muchas donaciones a lo largo del siglo XX, en especial de las figuras más emblemáticas de la haute couture francesa: desde Paul Poiret y Jeanne Lanvin hasta Christian Lacroix; o de artistas como Sonia Delaunay. Sus aportes completaron un fondo cuyos trajes y accesorios más antiguos se remontan al siglo XIV. La capital francesa tiene otro museo dedicado a los trajes. Se trata del palacio que construyó la Duquesa de Galliera a fines del siglo XIX. Luego de usos varios, el edificio fue transformado en Museo de la Moda en 1977, recibiendo unas 90.000 piezas que trazan tres siglos de creaciones. En el 107, rue de Rivoli (Museo de la Moda y del Textil) y 10, avenue Pierre-Ier-de-Serbie (Palacio Galliera).

5. Romans-sur-Isère: aquella pantufla de Napoleón

Este pequeño pueblo al pie de los Alpes franceses y al norte de la Provenza fue desde la Edad Media un importante centro de curtiembres. Ríos y selvas proveían en abundancia agua y tanino, los insumos indispensables para trabajar el cuero. Cerca de Lyon y del norte de Italia, Romans supo sacar provecho del talento de sus artesanos para vender su producción, que fue diversificada con la fabricación de zapatos. Durante buena parte de los siglos XIX y XX el burgo vivió principalmente de la preparación de pieles y cueros y de la producción de calzados (la casa local más famosa fue la de Charles Jourdan, quien creó zapatos para Edith Piaf, Jackie Kennedy o Sophia Loren).

Hoy quedan apenas un puñado de empresas y talleres. Se dedican todos a los nichos más exclusivos de la moda y trabajan exclusivamente para casas como Vuitton o Hermès. Para reivindicar su industrioso pasado, Romans-sur-Isère abrió el Museo Internacional del Calzado en un convento en desuso para conservar la mayor colección de zapatos del planeta: unas 16.000 piezas en total, de todas las épocas, los estilos y culturas. Además de la réplica de talleres tal como eran hace más de un siglo, sus salas exhiben parte de sus pertenencias, como una sandalia del Antiguo Egipto que tendría unos 5000 años y la pantufla de Napoleón (certificado por un manuscrito). En la Rue Bistour.