En todo el mundo, las mujeres siguen haciendo 2.6 veces más trabajo doméstico sin remuneración que los hombres, según un nuevo informe de Naciones Unidas. Incluso a medida que más y más mujeres ingresan a las fuerzas de trabajo, se sigue esperando que ellas administren las tareas domésticas como cuidar y criar niños, ancianos o familiares discapacitados, la recolección de agua o combustible sólido. Todas actividades que a menudo se devalúan precisamente porque se cree que son “femeninas”.

Aunque este tipo de trabajo en general se devalúa, es extremadamente crucial: “Si las mujeres dejaran de hacer gran parte del trabajo que no les pagan, toda la economía colapsaría”, Shahra Razavi, jefa de la sección de investigación e información de ONU Mujeres, le dijo a CNN.

Los hallazgos del informe de ONU Mujeres no son nada nuevo; estudio tras estudio ha demostrado que el trabajo no remunerado de las mujeres es constante e ignorado por la sociedad. Esto plantea una pregunta importante: ¿por qué, a medida que más mujeres ingresan a las fuerzas laborales, y si la igualdad de género es un problema a abordar con el que casi todos los gobiernos por lo menos están públicamente comprometidos, no se remunera el trabajo doméstico de las mujeres?

Quizás la respuesta más obvia sea los hombres. “Si bien las mujeres han cambiado sus roles y actividades en el mercado laboral, los hombres no han seguido el mismo camino”, dijo Silke Staab, investigadora especialista en el equipo de Investigación y datos de ONU Mujeres quien manejó el nuevo informe. “Mientras que las mujeres se han incorporado cada vez más a la fuerza de trabajo, cada vez más a lo largo de sus vidas y haciendo menos interrupciones, no hemos visto una respuesta similar por parte de los hombres en el ámbito doméstico”.

Staab alude a un punto bastante obvio. El llamado “trabajo invisible” sólo es invisible si aquellos que no participan en él (una mayoría abrumadora de hombres) lo ignoran. Para reducir la cantidad de tiempo que dedican las mujeres al trabajo doméstico no remunerado y devaluado, los hombres simplemente tienen que asumir parte de la carga de trabajo ellos mismos.

Los últimos hallazgos son dolorosamente claros y los hombres del mundo no lo han entendido. Aún así, cambiar esa relación de casi tres a uno no es una tarea imposible, ni es completamente individual: es algo que los gobiernos pueden, y han influido directamente, en parte al instituir políticas de licencias familiares inclusivas que incentivan a tomar tiempo libre del trabajo después de tener un hijo a hombres y mujeres por igual .

En Suecia, por ejemplo, a los padres les otorgan 480 días de licencia remunerada por cada bebé que tengan. Cada padre tiene derecho exclusivo a 90 de esos días; si no los toman, los días sólo expiran. En las parejas heterosexuales, esto incentiva directamente a los hombres a tomar un tiempo libre remunerado para cuidar niños, con beneficios que van más allá de los monetarios. Para los hombres, la exposición temprana a la crianza de los hijos puede dar lugar a transformaciones de largo alcance en la sociedad hacia el cuidado de los niños y el género. En muchos casos, simplemente quedarse en casa y participar en el cuidado de los niños inspira a los padres a asumir más roles domésticos, “cuando todos vuelven al trabajo”, dijo Staab.

Los resultados de las políticas de cuidado parental proactivas de Suecia son evidentes. “En Suecia, la diferencia entre el trabajo no remunerado de hombres y mujeres es sólo 1.3 veces”, dijo Staab. “Esa relación significa que las mujeres todavía están haciendo un 30 por ciento más actividades domésticas sin remuneración que los hombres, pero esa diferencia no es como el promedio mundial de casi tres veces más que los hombres. Si bien la brecha permanece ahí y es persistente, vemos un progreso pequeño y gradual, y tenemos datos sobre las políticas que han facilitado ese progreso”.

Obviamente, todavía hay mucho trabajo por hacer. Para implementar un cambio masivo en las relaciones laborales entre hombres y mujeres en toda Europa, Staab defiende un “sistema de apoyo totalmente planificado” para el cuidado de los niños y las personas mayores. Para ella, cualquier sistema propuesto también debería incluir tanto el cuidado infantil asequible como el permiso parental remunerado.

Pero incluso con políticas como el permiso parental remunerado, una vez que las mujeres regresan a los mercados laborales, todavía hay muchas normas y expectativas sobre la maternidad y el “trabajo de las mujeres”, que se ven exacerbadas por la persistencia de la brecha salarial de género. “¿Quién se queda en casa cuando el niño está enfermo y quién dedica las horas extras para avanzar en su carrera?”, pregunta Staab. Dentro de un mercado de trabajo que perjudica a las mujeres con un salario más bajo en general, simplemente tiene más sentido financiero para ellas quedarse en casa y participar en el cuidado no remunerado.

Dadas estas circunstancias, Staab dijo que con toda seguridad “se necesita un cambio sistémico radical”, que reconozca que el trabajo no remunerado no es sólo un problema de la mujer, sino también afecta a que los hombres, se den cuenta o no.