La radiación de “smartphones” y los cambios biológicos en los animales

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Los resultados de un estudio, con un costo de USD 25 millones, de los Institutos Nacionales de Salud sobre los efectos de la exposición a la radiación en los teléfonos celulares en los animales son variados. Mostraron un mayor riesgo de tumores, daños en el ADN o los tejidos y un menor peso corporal en algunos grupos de roedores, aunque no tuvo ningún efecto evidente en otros animales y, por el momento, no hay ninguna implicación clara para la salud humana.

John Bucher, un experimentado científico involucrado en este estudio, que tuvo una duración de 10 años, fue cauteloso a la hora de interpretar los resultados. Dado el patrón inconsistente de los hallazgos, el hecho de que los sujetos fueran ratas y ratones en vez de personas, y el alto nivel de radiación utilizado, el experto señaló que no podía extrapolar los datos a posibles efectos sobre la salud de los humanos.

“En este punto no creemos que podamos saber lo suficiente sobre los resultados como para poner un alto grado de confianza en los hallazgos”, remarcó.

Bucher, en ese sentido, también aclaró que “no he cambiado la forma en que uso un teléfono celular”.

Se cree que el informe realizado por el Programa Nacional de Toxicología es la evaluación más exhaustiva acerca de los efectos sobre la salud de dicha radiación en ratas y ratones e involucró a 3,000 animales de prueba. Un borrador del estudio fue publicado recientemente, aunque habrá otra revisión de expertos externos en unas semanas. Entre otras cosas, los revisores examinarán si algunos de los resultados pueden ser simple “ruido” estadístico.

El tema del impacto de la radiación de la telefonía móvil en la salud humana ha sido objeto de acalorados debates durante años. En 2010, la Comisión Federal de Comunicaciones fue atacada después de que se descartara una indicación que decía que los consumidores compraran teléfonos con menos emisiones de radiación. Y en 2015, el ayuntamiento de Berkeley aprobó una ordenanza en la que instaba a los vendedores que debían advertir a los compradores sobre el riesgo de llevar dispositivos demasiado cerca de sus cuerpos. La CTIA, que representa la industria inalámbrica, demandó y dijo que las advertencias estaban “mal informadas” y que violaban los derechos de la Primera Enmienda de los minoristas.

El hallazgo más fuerte en el nuevo estudio incluyó ratas macho -pero no ratas hembras ni ratones machos o hembras- que desarrollaron tumores en los nervios que rodean sus corazones. Los investigadores también vieron aumentos en el daño al tejido cardíaco en ratas macho y hembra. Si se confirman estos resultados, según Bucher, sugeriría que este tipo de radiación podría ser un carcinógeno “débil”.

Los tumores de ratas macho fueron los llamados schwannomas malignos. Con base a una investigación limitada que muestra un riesgo potencialmente elevado de schwannomas cerca del cerebro de las personas, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer actualmente enumera los campos de radiofrecuencia como “posiblemente carcinogénicos para los humanos”.

El nuevo estudio de NIH mostró tumores en ratas y ratones en otras partes del cuerpo, como el cerebro, la próstata, el hígado y el páncreas, pero los científicos dijeron que no estaba claro si estaban relacionados con la radiación.

Durante el experimento se colocaron las ratas y los ratones en salas especiales y los científicos exponían a estos animales a diferentes niveles de radiación, imitando los teléfonos 2G y 3G, que eran el estándar cuando se lanzó el estudio, durante 9 horas al día. Bucher subrayó que incluso los niveles más bajos usados en el estudio eran mucho más altos que la exposición máxima a la que un usuario frecuente de teléfonos celulares obtendría. Mientras que Estados Unidos ha hecho la transición a redes 4G, 4G-LTE y 5G en los últimos años, la frecuencias 2G y 3G todavía se usan en llamadas de voz y mensajes de texto.

Además del cáncer, el estudio analizó otros efectos sobre la salud, como la evidencia de daño tisular por el calor de los teléfonos celulares, daños en el ADN y cambios en el peso corporal. Dijeron que tenían problemas de tejido y ADN, pero “no nos sentimos lo suficientemente preparados como para comentar sobre su significado biológico”.

Por ejemplo, Bucher remarcó que “los patrones de daño al cerebro en los tejidos de estos animales no son particularmente consistentes con los resultados del tumor”.

En cuanto al peso, vieron cambios en las ratas recién nacidas y en sus madres cuando estuvieron expuestas a niveles elevados en el momento del embarazo y la lactancia. Pero dijeron que el estudio no fue diseñado para determinar si esto era un efecto directo en los bebés o si afectaba en la manera en que las madres se preocupaban por sus crías.

“Realmente no tenemos ninguna idea”, señaló Bucher. Por otro lado, agregó, los bebés crecieron al tamaño normal.

Algunos grupos de salud y medioambientales se aprovecharon de inmediato de los hallazgos como una prueba más de los peligros de los teléfonos celulares. Olga Naidenko, una asesora científica de alto rango del Grupo de Trabajo Ambiental advirtió que el estudio “debería despertar las alarmas para los políticos y la conciencia de todos los estadounidenses”.

El CTIA tenía una interpretación diferente, señalando que cuando se publicaron resultados parciales del mismo estudio en 2016, numerosas organizaciones de salud internacionales y de Estados Unidos “mantuvieron su conclusión de que la evidencia científica no muestra ningún riesgo para la salud (debido a la radiofrecuencia) energía emitida por teléfonos celulares”.

La respuesta de la Administración de Alimentos y Medicamentos, que encargó el estudio en primer lugar, fue más moderada.

Jeffrey Shuren, director del Centro de Dispositivos y Salud Radiológica de la FDA, dijo en un comunicado que el entendimiento preliminar de la agencia sobre los resultados “es que el estudio encontró evidencias ambiguas o casi equívocas de que la exposición a la radiofrecuencia realmente causaron cáncer en estos animales”. Señaló algunos hallazgos inusuales adicionales en el estudio, y remarcó que su equipo continúa evaluándolos, pero enfatizó que en base a toda la información científica disponible, la agencia no cree que haya efectos adversos para la salud en los humanos causados por la radiación del teléfono celular.

“Incluso con el uso diario frecuente de la gran mayoría de los adultos, no hemos visto un aumento de tumores cerebrales”, aseguró. “Con base a esta información actual, creemos que los límites de seguridad actuales para los teléfonos celulares son aceptables para proteger la salud pública”, apostilló.

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