Directoras de cine argentinas, el prestigio y la vanguardia

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Venecia, San Sebastián y Sundance. La última edición de estos prestigiosos festivales de cine hicieron evidente un fenómeno: las directoras de cine argentino son la vanguardia de un cambio de época. Mientras en premios como los Golden Globe e, incluso los Oscars, se discute sobre si existe un canon expulsivo con respecto a la labor de las mujeres detrás de las cámaras, las realizadoras de esta parte del globo hacen propios cada vez más espacios que se traducen en invitaciones, premios y excelente críticas.

En la actualidad, las directoras argentinas, si bien todavía en minoría con respecto a cantidad, recorren las alfombras rojas de los principales eventos cinematográficos del mundo. Ya no solo se trata de Lucrecia Martel, quizá la máxima referente de las últimas décadas, siendo seleccionada por Zama para representar al país en los premios Oscars -aunque no haya pasado el corte final de Hollywood. En 2017, Natalia Garagiola obtuvo el Festival de Venecia con su ópera prima Temporada de caza; Anahí Berneri se convirtió en la primera mujer de habla hispana y segunda en la historia -luego de la china Xu Jinglei- ​ en quedarse con la Concha de Plata a la mejor directora en el Festival de San Sebastián por Alanis y, en estos días, Valeria Bertuccelli -también con su debut en la gran pantalla detrás de cámaras- con La Reina del miedo forma parte del selecto grupo de 20 películas que compiten en el prestigioso festival de cine independiente de Sundance.

Para entender este cambio de paradigma, se debe retroceder un poco en el tiempo y resaltar la figura de Emilia Saleny. De lo poco que se conoce de su vida, existe un consenso de que Saleny no sólo fue la primera mujer cineasta sino también la primera profesora de actores de cine de América del Sur, aunque lamentablemente la única de sus películas -mudas- que sobrevive es El pañuelo de Clarita, filmada entre 1917 y 1918. Otro dato que expone este cambio paulatino es que desde aquella fecha, a principios del siglo pasado hasta 1980, solo hubo 10 estrenos dirigidos por mujeres en el cine nacional. Es más, luego de los films mudos las salas locales no volvieron a tener una directora hasta 1960, cuando Vlasta Lah -la única mujer cineasta en América Latina en la década- presentó “Las furias” durante el auge del cine independiente.

Luego, fueron surgiendo autoras como Lita Stantic -una de las más grandes productoras del cine argentino-, Mabel Itzcovich, María Esther Palant, las experimentales Narcisa Hirsch y Marie Louise Alemann, Eva Landeck – con Gente en Buenos Aires fue la primera en ganar un premio en la Muestra Internacional del Film de Autor de San Remo en 1975- María Luisa Bemberg -dirigió Camila, una de las cintas más taquilleras de los 80 y nominada a los Oscar por film extranjero-, por solo nombrar algunas pocas. Los ”90, con Ley de Cine, una mayor accesibilidad a la tecnología y el desarrollo de varias escuelas, entre otros factores, permitió el surgimiento del denominado Nuevo Cine Argentino, con autoras como Martel, Albertina Carri, Celina Murga, Ana Katz y Berneri, a las que luego se sumaron Vera Fogwill, Tamae Garateguy, Natalia Smirnoff, Laura Citarella, Lucía Puenzo, Nele Wohlatz, Clarisa Navas y Garagiola, otra vez, por solo mencionar algunas al azar.

Un fenómeno en aumento

En diálogo con Infobae Cultura, Fernando Lima, vicepresidente del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), sostuvo que la selección de películas con directoras revela no solo “el prestigio que poseen a nivel continental”, sino que este fenómeno tiene su consonancia en los diferentes procesos que significan la creación de un film.

“No solo se trata de la gran cantidad de directoras que hoy pueden generar sus películas, sino también aquellas que participan de las diferentes etapas del proceso. Desde la producción a la cuestiones técnicas, pasando por la realización y ni hablar de la distribución. En varias de estas áreas las mujeres son mayoría. Si bien aún no llegamos a la igualdad, estamos en la mejor posición de la región con respecto a las mujeres que intervienen en la industria”, agregó.

Para Annamaría Muchnik, presidenta de la asociación La Mujer y el Cine, “hace poco mas de 30 años las directoras se contaban con los dedos de una mano… La vuelta a la democracia, las escuelas de cine, nuestro Festival que le abrió la puerta a muchas jovenes realizadoras, lo hizo posible”.

“Hay mucho talento en juego para demostrar y para ser elegido y premiado en el exterior y mucha capacidad de trabajo que merece ser reconocida igual que el reconocimiento a los hombres”, comentó a Infobae.

La Mujer y el Cine fue fundada en 1988 por Bemberg, Stantic, Sara Facio, Beatriz Villalba Welsh, Susana Lopez Merino, Gabriela Massuh y Marta Bianchi. Desde entonces, organizaron festivales, muestras y concursos, entre otras actividades, que sirvieron de base para muchas de las directoras de la actualidad.

Martel, quien ganó el Festival de Berlín en 2001 con su ópera prima La ciénaga, sostuvo en una entrevista a Efe: “El cine naturalmente es una tarea que terminará siendo de mujeres y después, dentro de 50 años, ya veremos cómo hacemos para que entren los varones”.

“Como ésta es una cultura que ha puesto al hombre en buen lugar mientras situaba a la mujer en otro medio feo, el discurso hegemónico, la narrativa que ha triunfado en el mundo tiene al hombre también en el mejor lugar. Es comprensible que en los circuitos importantes del cine cueste valorar lo que hacen las mujeres porque está fuera de la normativa narrativa hegemónica; no en todos los casos porque algunas mujeres son complacientes con este sistema cultural, pero yo tengo fe y los signos son claros de que eso está cambiando”, agregó Martel, quien con La niña santa (2004) fue invitada a participar en el Festival de Cannes y nominada a cuatro Cóndores de Plata.

Con respecto al aumento de las mujeres en la generación de cine y la diferencia de Argentina con el resto de América Latina, Anahí Berneri comentó: “Las que somos, no lo somos sólo por el número, sino porque hacemos más ruido. Y me siento feliz que así sea. Creo que eso tiene que ver con políticas de Estado que permiten que tengamos acceso a subsidios, porque a las mujeres en general nos cuesta encontrar financiación para hacer nuestras películas. Los que tienen la plata para financiar el cine, que es una actividad muy cara, muchas veces descreen de las mujeres para estar al frente de un equipo, y esto siempre ha sido un problema. Que el cine argentino haya sido subsidiado durante años ha generado cierta democratización que ha permitido la llegada de la mujer. Es algo que también ha sucedido desde las escuelas de cine”.

“Ese lugar de reconocimiento nacional e internacional ha hecho que más mujeres se animen a hacer cine, que no se vea como una actividad de varones. Cuando yo dije en mi casa que iba a estudiar cine me dijeron que era una profesión de hombres, y más me encapriché. Entonces sí creo que estamos mejor que en toda Latinoamérica”, dijo a Programa Ibermedia.

Este auge, además, puede explicarse desde la formación audiovisual. En Argentina existen más de 40 centros formativos con títulos oficiales, que van desde carreras universitarias públicas y privadas a institutos exclusivos enfocados en el séptimo arte.

“En la mayoría de las escuelas de cine, las mujeres forman la parte más gruesa de la matrícula y eso se debe a un sin fin de factores. Además, la mujer supo generar sus espacio en todos los órdenes de la cultura argentina, no solo en el cine. También es importante destacar que esta es una industria que, desde la recuperación democrática, posee políticas constantes de apertura que se mantienen en el tiempo”, explicó Lima.

Una de estas instituciones es la Universidad del Cine. Mario Santos, vice-rector del establecimiento, confirmó a Infobae que si bien desde hace ya varios años no hay “un aumento significativo en la matrícula de mujeres”, esta no significa que sea un ambiente donde los hombres sean mayoría, sino que “generalmente la inscripción es más o menos 50 y 50 por ciento”. Por su parte, desde la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica (Enerc) revelaron que desde su fundación, en 1972, el porcentaje de egresadas es del 39,93% (472 de 1182 alumnos). El 32% corresponde a recibidas en dirección (o sea, el 68% son hombres), mientras que en Producción la ecuación es del 60,64%, siendo el área con la proporción femenina más alta.

En los números, en la última década se estrenaron 1622 películas argentinas, de las cuales solo 222 contaron con mujeres en la dirección, lo que significa el 13,68% de la cartelera total. En ese sentido, para Lima, vicepresidente del INCAA, “existe un déficit” y es el que se produce “entre las mujeres que estudian y las que llegan realmente a trabajar”.

En otros países, como Suecia e incluso Brasil, comenzaron a enfocarse desde hace tiempo en bajar la disparidad. En la nación norteamericana, por ejemplo, se lleva adelante el programa Towards a Gender Equal Film Production, una política estatal que busca eliminar la brecha. Así, entre otras acciones, crearon un enorme catálogo de las mujeres en la industria para visibilizarlas o llevan adelante Moviement, un proyecto a partir del cual las directoras con experiencia compartes saberes con las nóveles, se proyectan estrategias y organizan festivales. El TGEFP tuvo resultados rápidos y efectivos, en solo un año el número de directoras en actividad pasó del 33 al 50%. En el país vecino, la Agencia Nacional del Cine de Brasil (ANCINE) -el INCAA brasilero- comenzó en 2007 con un proyecto para conocer las estadísticas de las mujeres en la industria, con el fin de lanzar políticas claras que generen mayor inclusión. En 2016, concluyeron que sólo el 20,3% de los films fueron dirigidos por mujeres. En ambos casos, como en otros, se parte de un elemento esencial, los números, los datos, ya que a partir de estos recién se puede tener un panorama completo e idear pasos a seguir.

“Creo que hay todavía mucho camino por andar aunque estamos mucho mejor que hace 30 años. Hay directoras excelentes que tienen un espacio en muestras del exterior, algunas pueden estrenar aquí otras no, pero en realidad no todo el cine argentino tiene el apoyo de exhibición que se necesita para que las películas sean vistas por más público. Pero no tenemos que olvidar, que las directoras mujeres ¡no llegan al 20 por ciento del total!”, sumó Muchnik, de La Mujer y el Cine. Con respecto a los cambios que se necesitan para aumentar la presencia femenina, agregó: “Lo mismo que para todos los ámbitos de trabajo, mayor equidad, lugar en puestos de decisión, paridad de sueldos, respeto a la diversidad, y la cabeza abierta para escuchar y apoyar la lucha inclaudicable y fecunda de todos los grupos feministas que la pelean día por día sin bajar los brazos”.

En el caso del INCAA, Lima explicó que ya están trabajando en una alternativa que permita conocer de primera mano todos los pormenores de cómo está articulada la industria y para eso ya trabajan “en una nueva manera de medir con mayor exactitud todo el rol femenino en la industria, para tener algo más que una sensación, conocer con mayor profundidad las diferentes aristas que producen el fenómeno”.

Un cambio cultural

Lima sostuvo que, por otro lado, se está gestando un cambio cultural que es “mucho más macro” y que eso “va a acercar aún más a las mujeres al cine”. Este cambio está relacionado con el posicionamiento femenino dentro de la gran industria, la estadounidense.

Sundance es el primer festival que, a través de su creador y director Robert Redford, manifiesta su postura sobre la necesidad de un aumento del espacio ocupado por ellas. Pocos días atrás, el actor y ganador de un Oscar, sostuvo que movimientos como el “Time”s Up” y “Me too” son un “punto de inflexión”: “Está cambiando el orden de las cosas y las mujeres, cada vez más, tienen una voz más fuerte. Lo que creo yo es que debemos ayudar en ese rol de la mujeres para hacerlas aún más poderosas. El rol del hombre es el de escuchar y dejar que las mujeres sean escuchadas, y pensar sobre ello”.

“Gracias a esta fortaleza que están adquiriendo, las mujeres tendrán más oportunidades dentro de la industria. Lo positivo es que tendrán más posibilidades de hacerse escuchar, de filmar sobre lo que quieren contarle al mundo y de proponer sus propios proyectos”, agregó.

Para Muchnik este cambio “obedece a un momento muy especial que estamos viviendo las mujeres en casi todo el mundo occidental, y que tiene que ver con un hartazgo por situaciones de injusticia, violencia y falta de equidad que se vienen arrastrando en el tiempo. Cada vez más, los movimientos de mujeres que buscan luchar contra las injusticias crecen. Las mujeres nos animamos a pelearla, a denunciar, a protestar… Y el cine no es una excepción”.

La polémica sobre el rol que la industria le otorga a las directoras fue uno de los debates surgidos luego de los últimos Golden Globes, en los que la actriz Natalie Portman, al momento de presentar la categoría, dijo: “Los nominados exclusivamente masculinos son …”.

Tras aquella introducción, el mexicano Guillermo Del Toro -ganador del premio y candidato a repetir en los Oscars- prefirió el elogio: “¡Creo que fue genial! Ella debería decir exactamente lo que siente. Las directoras hacen un trabajo fenomenal”, explico ante IndieWire y agregó: “Dee Rees con Mudbound, Greta Gerwig con Lady Bird y Patty Jenkins con Wonder Woman demostraron ser estupendas”.

El multipremiado Steven Spielberg tampoco evitó la polémica y fue determinante en una entrevista con Entertainment Tonight: “Hay un momento decisivo sucediendo en este momento, lentamente, tal vez no lo suficientemente rápido, para las mujeres directoras. Quiero decir que está Patty Jenkins. Tenemos algunas mujeres increíbles que se han presentado, con obras como Mudbound y Lady Bird. Este es un año bastante increíble, y creo que verán algunas nominaciones. Voy a predecir que este año en los Oscar no solo va a haber una mujer directora, sino varias”.

Finalmente, tras la nominaciones para los Oscars, solo Gerwig fue seleccionada. Ella intentará continuar con una tradición que todavía no es tal, ya que hasta el momento solo Kathryn Bigelow, en 2010, es la única mujer en haberse quedado con la máxima estatuilla del cine por The Hurt Locker.

“Esperemos que en algún momento el tema de la participación femenina no sea una cuestión y que ya no se hable del género de quién dirige la película y solo importe el género de la película”, finalizó Lima.

IB