Ellas viajan solas

''

Luego de que su novio terminara con la relación y de que su compañera de viaje decidiera finalmente viajar con su flamante pareja, una joven parisina llamada Delphine se ve invadida por la soledad. En un momento en el que la ciudad de París se empieza a quedar vacía, la joven, sola y triste, decide viajar aunque sea por su cuenta.

La descripción del cuadro corresponde a la película El rayo verde, de Eric Rohmer, protagonizada por Marie Rivière. En el film, la joven decide aventurarse sola, haciendo esfuerzos enormes para demostrar ante los otros que lo suyo era una decisión de “mujer superada”. Sufría más por fingir estar a gusto con su soledad que por el hecho mismo de estar veraneando sola. Al final, el amor de un joven que conoce en la playa redime tanto sufrimiento.

Las jóvenes de hoy sienten que deben aprovechar lo que la vida les brinda, sin más razón que ser coherentes consigo mismas
“Tomar la decisión de irse sola de vacaciones, sigue siendo un problema para muchas mujeres. No todas pueden tener la suerte del personaje de Marie Rivière y salir fortalecida al final del verano, con un novio bajo el brazo -comenzó a analizar el médico psiquiatra Walter Ghedin-. Las jóvenes que recién empiezan a gozar de la libertad que significa salir del seno familiar, resuelven mejor la situación que sus pares adultas: si no hay amigas o amigos, el destino será el encargado de proveerlos”.

Para él, las mujeres de hoy “están más abiertas a la experiencia de ”lo que venga” que las damas de más de treinta, sobre todo si aprenden a transgredir ciertas normativas que la sociedad impone como necesarias”.

“Las jovencitas sienten que deben aprovechar lo que la vida les brinda, sin más razón que ser coherentes consigo mismas. Dar rienda suelta a sus deseos, concretar las fantasías de independencia, pero por sobre todo, tomar contacto con el mundo propio, son formas exquisitas de superación”, destacó Ghedin, para quien “el problema deviene después, cuando se toma conciencia de las responsabilidades que impone la vida adulta, entre ellas la nociva antinomia ”o estás en familia o estás sola”. Porque para las mujeres la condición vincular es motivo de ”etiqueta”, con prejuicio en puerta, cosa que no ocurre para los hombres solos”.

Animarse a salir solas de vacaciones se convirtió en una alternativa viable para muchas mujeres que no quieren quedarse en sus casas reprochándose por no haber sido más audaces. Será cuestión de vencer los miedos y los interrogantes y decidirse a dar el paso. Por extraño que parezca, en pleno siglo XXI, muchas sienten que dan una imagen de “amargadas” o de “poco sociables” o bien por el contrario, de estar “disponibles”.

“Están aquellas que no cuentan con amigas para realizar el viaje, otras a las que no les interesa hacer excursiones de tipo ”solas y solos” y las que tienen pareja y, por un motivo u otro, no son una opción válida para viajar. En este último caso el acuerdo entre las partes es fundamental para que no derive en una crisis. Para los jóvenes la aceptación no trae problemas, es más, se vive como ”las cosas que hay que hacer” antes de sumergirse de lleno en la vida de relación, y si surgiera en esta instancia igual se tolera mejor que en los adultos que conviven. Sin embargo, hacer un viaje sola estando en pareja, por mal que le pese a quien se queda, ayuda a pensar que existen deseos que son personales y que no todo se comparte”, observó el experto.

Y agregó: “Más allá de que las mujeres se sienten más seguras y confiadas en sí mismas, salir de vacaciones solas implica hacer frente a muchas de estas creencias que aún impiden la libertad femenina. Aquellas que ya no se preguntan por estas inhibiciones encuentran en la concreción de este desafío nuevos alicientes. Al fin y al cabo, la búsqueda de bienestar es una responsabilidad que hay que asumir en todos los órdenes de la vida, y si viene en forma de viaje sola, habrá que afrontarla con optimismo”.

Así las cosas, una mujer de alrededor de treinta, sola, seguirá siendo para el imaginario social, alguien con algún problema de “histeria”, inestabilidad emocional, pensamiento rebuscado, y pocos la verán como una mujer libre, que logró sortear con éxito los condicionantes culturales de pareja y maternidad.

“Para la mujer adulta, con alguna sumisión a los valores que la sociedad espera de ella, se le hace muy difícil hacer un programa que la rescate, llámese vacaciones en soledad, postergar la vida en pareja o la maternidad -ahondó-. Pareciera que dichas opciones sólo son esperables y toleradas en las jóvenes y en las mujeres mayores. En las primeras porque se tiene el convencimiento de que luego se plegarán a las demandas sociales de género, y las segundas porque se supone que ya cumplieron con las exigencias teniendo vida en pareja, hijos, nietos, o bien, porque ya nada se les puede pedir a sus cuerpos infértiles”.

Y tras asegurar que “no realiza una apología de la soledad”, sino que el hombre y la mujer son seres sociales por antonomasia, Ghedin enfatizó en cómo las construcciones sociales imponen sus imperativos sobre los cuerpos y las almas de las personas, “convirtiendo una propuesta desafiante (las vacaciones en soledad), en un dilema moral”.

“Creo que no se deben postergar o cancelar las vacaciones por el hecho de estar solas. Hay que afrontarlas con espíritu juvenil y de aventura. Estar abierta a la experiencia es la mejor manera de rescatar la fuerza más profunda, aquella que tiene como único objetivo, convertirnos en seres más plenos”, destacó el especialista, quien finalizó con un “llamado a la solidaridad” de empresas de viajes y hoteles: “¿No sería tiempo de eliminar el plus que se cobra por single? Muchas mujeres no viajan por lo que significa pagar el plus por habitación sola o bien las obligan a compartir cuartos con personas que no conocen. El pago del single tiene la connotación de ”tenés que pagar más por estar sola””.

 

IB