Última etapa del Laboratorio Audiovisual de Documental

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Después de meses de trabajo, intercambios y experimentación, el Laboratorio Audiovisual de Documental de Creación, que se realiza en el marco del programa Señal Santa Fe, ingresó en su última etapa de desarrollo. Bajo la tutoría de Hernán Khourian, los realizadores Betania Capatto, María Emilia Cortéz, Berenice Gáldiz Carlstein y Agustín Sánchez Ordóñez le dieron forma a cuatro proyectos de largometrajes documentales que tendrán su estreno entre abril y mayo del año próximo, incorporándose así al catálogo de producciones de Señal Santa Fe (www.senalsantafe.gob.ar).

Productora de su documental junto a Iván Fund, en Frankie Betania Capatto narra el vínculo que se construye entre un enigmático bibliotecario de 88 años y una joven veinteañera que comienza a trabajar como su ayudante. “Entré al Laboratorio con una idea y hoy me voy con una película casi terminada”, sintetiza la directora en relación a una experiencia que le demandó “meses intensos y de mucho trabajo”.

Para la realizadora santafesina, el proceso fue auspicioso: “En lo personal me siento inmensamente agradecida de haber tenido la posibilidad de formar parte de esta primera experiencia del Laboratorio de Documental de Creación y creo firmemente en la necesidad de sostener este espacio de formación teórica, análisis, producción y realización de proyectos audiovisuales, ligada exclusivamente a la formación de documentalistas santafesinos en busca de una mirada propia”.

Con su Guía para plantar la costa, María Emilia Cortéz presenta a cuatro mujeres que habitan el corredor costero de la Ruta 1 y cuyas relaciones cotidianas se mezclan con el entorno natural. Un entorno que marca también la mirada de la directora, que resume su paso por el taller desde una visión metafórica: “El camino de un monte, tapado por la maleza, concluye en un destino, esperado y modificado en el transitar. Así se puede describir, quizás, el proceso de la realización de este documental de creación. La obra deseada como aquello que se esconde detrás de la vegetación. El laboratorio como machete que abre camino, como proceso de búsqueda, de descubrimiento. Y la experiencia de realización de continua escritura, la metodología de la creación. Aquí casi en el tramo final, las ganas de ver aquello que pensamos que soy cuando miro a través de una cámara aún se encuentra tapado por una rama lista de ser macheteada”.

Con la cristalería San Carlos como escenario, en Temperatura/Temperamento Berenice Gáldiz Carlstein toma como punto de partida a “los materiales vítreos y las maneras en que se elaboran en nuestra región para explorar poéticamente la luz, las formas, el color, los ritmos, las texturas, las transformaciones”. A lo largo del Laboratorio, reconoce la directora, “el proyecto fue transformándose en base a las devoluciones y a la posibilidad de escuchar voces externas al equipo de trabajo”. “La frecuencia y continuidad de los encuentros nos brindó un ritmo que dinamizó el proceso creativo –amplía–. Además, el visionado de obras audiovisuales que desconocíamos y el intercambio con los compañeros significaron un gran aporte. El paso por el laboratorio fue constitutivo para el proyecto, ya que el resultado hubiera sido fundamentalmente distinto sin este acompañamiento”.

¿Qué relaciones y valores pueden existir entre una persona y sus objetos, como un piano, una marioneta, un auto, o una máquina de coser? ¿Las cosas son usadas de la misma manera por cada uno de nosotros? Con esos interrogantes como disparadores, Agustín Sánchez Ordóñez le dio forma a Pequeños Museos, trabajo que apunta a revelar aspectos íntimos de las personas a partir de los relatos que se construyen en torno a los objetos. Para el director rosarino, la experiencia del Laboratorio resultó enriquecedora al proceso de creación. “La curaduría/tutoría a cargo de Hernán Khourian me acercó a obras desconocidas por mí de la historia del cine, que me ayudaron a pensar el abordaje y la narrativa del documental aumentando mi curiosidad y entusiasmo, a partir de esos materiales proyectados y analizados por el tutor, y de las prácticas desarrolladas en este marco”, reconoce Sánchez Ordóñez, y concluye: “Deseo que el laboratorio siga desarrollándose y perfeccionándose año a año, para continuar regenerando un cine que hable de nuestra identidad, nuestra memoria y nuestra cultura”.