“ShowMatch” logró llegar al final en la fecha estipulada

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“La remó en dulce de leche”. Esa frase grafica lo que vivió este año Marcelo Tinelli con ShowMatch. Más allá del desafío que tiene en cada temporada de que su programa sea el más visto de la televisión, esta vez la pelea no fue con la competencia: el enemigo estuvo adentro. Una vez un técnico de fútbol, cuyo equipo había perdido por goleada, llamó luego del partido a su arquero, que había tenido mucha responsabilidad en los goles, y le dijo: “Yo no le pido que saque las pelotas que van al arco, pero por favor… no meta las que se van a fuera”. Clarito, ¿no?.

A esta altura ya todos sabemos que Ideas del Sur, la productora que fundó Tinelli en 1996 y que lo acompañó durante más de dos décadas en Telefe, Canal 9 y El Trece, no es más de su propiedad desde abril del año pasado, cuando le vendió el 19% de las acciones que le quedaban a Cristobal López, dueño del 81% restante. A partir de ese momento pasó a ser un contratado sin poder de decisión en la empresa. Así fue como este año debieron abandonar el edificio que era de la productora, ubicado la calle Olleros, y se mudaron al de La Corte, sobre la calle Fraga. Además, ya de arranque, le achicaron el presupuesto al Bailando 2017. Adiós a las figuras internacionales, había que reducir los costos al máximo posible.

El programa comenzó el 29 de mayo y empezó a superar ampliamente las expectativas de rating que tenía el conductor, que había dicho que se conformaba con hacer entre 13 o 14 puntos por emisión. Sin embargo, y a pesar de que la audiencia acompañaba, poco a poco empezaban a sentirse coletazos de las denuncias que recibía el Grupo Indalo, propietario de la productora, de la Justicia y de la AFIP.

Hasta ese momento el conflicto era de presupuesto y de atrasos en los sueldos, tanto del conductor como de los integrantes del jurado que, advertidos de lo que había sucedido el año anterior, en esta temporada contrataron al abogado César Carozza para que defendiera sus intereses. Pero el conflicto mayor comenzó cuando Cristobal López, acorralado por las deudas, decidió vender Indalo al Grupo OP Investments, cuya cara visible es Ignacio Rosner. Allí, a fines de octubre, fue el propio Tinelli el que dio a conocer a través de Twitter la situación que estaba viviendo.

Luego Jorge Rial explicó en sus redes sociales que los nuevos dueños habían amenazado a Tinelli con no pagarle lo que le adeudaban de la venta de aquel 19% que, sumado a los sueldos impagos de este año, daría una cifra superior a los 20 millones de dólares.

El conflicto continuó en las redes y en los tribunales, pero también llegó al programa, mientras continuaba con el certamen de baile y las clásicas peleas de sus participantes. Más allá de los chistes del conductor sobre la situación que se vivía en la productora, se hicieron visibles reclamos económicos de todo tipo, incluso algunos que parecían hasta insólitos, como la deuda con la empresa de taxis que lleva a los participantes, no contar con caja chica para gastos corrientes, no tener presupuesto para comprar telas para vestuario o no poder pagar el hotel de Consuelo Peppino, la concursante no famosa que venía de Córdoba.

También salieron a la luz los pedidos de los proveedores de la parte técnica que, si bien le mostraban su apoyo al conductor, reclamaban que si no se les pagaba, ellos tampoco podían afrontar los sueldos con sus empleados. El corolario de esto: se suspendió el Acquadance, el ritmo más esperado y promocionado del certamen. “No hay plata”, se repetía como un loop en los pasillos y camarines.

Por otro lado, poco a poco empezaron a surgir amenazas de paros e incluso de renuncias al programa. Los empleados, cansados de cobrar tarde y en cuotas, advirtieron que si no recibían sus haberes en tiempo y forma no sacarían el programa al aire. Inclusive, Pampita, enojada por la deuda, dijo que no sabía si llegaría hasta el final si no se ponían al día con los pagos.

Así fueron pasando las emisiones de las últimas semanas, con ratings que superaban los 20 puntos en el minuto a minuto, sonrisas ante las cámaras y mucha bronca, tristeza y resignación antes y después de cada programa.

También hay que mencionar el caso de Lolo Rossi y Hugo Ávila, los jefes de coaches, a quienes les prohibieron el ingreso a La Corte, por haber reclamado vía judicial el reconocimiento de sus tareas laborales. De todas maneras, y a pesar de lo que vivieron, decidieron continuar en el programa “desde afuera”.

Hasta que al fin Tinelli -que no cobró el sueldo en todo el año-, los participantes, el jurado, los empleados, los proveedores y los taxistas lograron llevar el programa a la meta, a este lunes 18 de diciembre. Todos y cada uno de ellos tienen incertidumbre de lo que sucederá a partir de mañana o qué será del programa en el 2018. Eso sí, tienen la satisfacción de haber ganado. No a El sultán, ni a Golpe al corazón, las ficciones de Telefe a las que enfrentaban cada noche en la pantalla. Sino a la implosión que vivieron desde adentro. A la falta de dinero, al desgano, a las preocupaciones. A todo. Remaron en dulce de leche, pero consiguieron llevar el bote al puerto.

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