Abuso sexual, política y mentiras

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Fue así como iniciaron las denuncias contra Spacey, ganador de dos premios de la Academia, y del director Ratner, entre otros actores, agentes, ejecutivos.

 Son tantas las revelaciones que el diario Los Angeles Times se preguntó en uno de sus  editoriales: “¿Quién será el próximo?”.

“Espero que todo este caos pavimente un camino hacia una sanación” en la industria, dijo la estrella Jessica Chastain en una entrevista con la AFP.

Pero las denuncias no se produjeron solo en la industria del cine, se expandieron como una gigantesca  mancha de aceite a la política, al arte, al deporte, a la educación universitaria, a los medios de comunicación, a los lugares de trabajo y seguirán produciéndose en otros campos de acción.

He sostenido con reiteración en mis seminarios y conferencias sobre violencia de género que la violencia contra la mujer -especialmente la ejercida por su pareja y la violencia sexual- constituye un grave problema de salud pública y una violación de los derechos humanos de las mujeres.

Las cifras recientes de la prevalencia mundial indican que el 35% de las mujeres del mundo han sufrido violencia de pareja o violencia sexual por terceros en algún momento de su vida.

Por término medio, el 30% de las mujeres que han tenido una relación de pareja refieren haber sufrido alguna forma de violencia física o sexual por parte de su pareja.

 

 

Un 38% de los asesinatos de mujeres que se producen en el mundo son cometidos por su pareja.

Estas formas de violencia pueden dar lugar a problemas de salud física, mental, sexual y reproductiva y otros problemas de salud, y aumentar la vulnerabilidad al VIH.

Conforme sostuvieran Haydée Birgin y Natalia Gherardi en “Violencia familiar: Acceso a la justicia y obstáculos para denunciar”,  el mérito del movimiento feminista de los años 60 y 70 ha sido sacar el tema de la violencia familiar de la invisibilidad. En los años 80, con el inicio de las transiciones democráticas en los países del cono sur de América Latina, el tema de la violencia contra las mujeres comienza a ser discutido. El malestar de las mujeres se fue transformando lentamente en demandas y propuestas de acción: centros de atención, producción y difusión de información, sanción de leyes, modificación de procedimientos, entre otras cuestiones.

Contribuyeron sin duda los estándares establecidos por las Convenciones Internacionales de Derechos Humanos, en particular la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer, conocida como Convención de Belem do Pará y recientemente el Estatuto de Roma al establecer que la violencia sexual contra las mujeres en conflictos armados es un crimen de guerra.

Sin embargo, en los últimos meses de este año se produjo un verdadero salto cualitativo en la lucha contra la violencia de género. 

El Acoso sexual es un problema cultural y a la vez social, y como dijera en una oportunidad el Fiscal General de la provincia de Buenos Aires, Martín Ocampo “El Acoso Sexual está vinculado a la cultura machista. El hecho de que no tenemos muchas quejas oficiales no significa que la problemática no sea grave. A menudo las personas no son conscientes de que pueden informar este tipo de comportamiento o lo consideran como algo normal. Lo que empieza con un silbido a una mujer, en ocasiones termina con la violencia de género debido a la dominación del hombre sobre la mujer” 

Por eso el  2017 se despide con un cambio cultural de trascendencia que fue registrado por la Revista Time en su portada: Como personaje del año se designa no una persona sino muchas, y muestra la foto de 61 de las cientos de mujeres y hombres que rompieron el silencio. La portada se titula –precisamente- así; los “los que rompieron el silencio” (The silence breakers) denunciando los diversos casos de abuso sexual que se dieron en los diversos ambientes sociales, cinematográficos, laborales, políticos y de toda índole.

La portada identifica cinco mujeres pero el artículo destaca el coraje de cientos de personas que desencadenaron uno de los cambios culturales más veloces desde la década del 60 por denunciar y contar sus dramáticas historias poniendo de relieve la necesidad de “no tolerar más a los perpetradores o los incitadores de inconductas sexuales hacia hombres y mujeres”.

El acoso sexual hizo que en Alabama el candidato republicano a senador Roy Moore, de 70 años, ex juez de la Corte Suprema estatal destituido dos veces, tuviera denuncias de inconducta sexual con menores de edad publicadas en el diario Washington Post. Las revelaciones, un mes antes de la elección del 12 de diciembre, provocaron una violenta reacción de sus presumibles colegas republicanos en el Congreso, quienes exhortaron a Moore a desistir de la candidatura si fueran ciertas.  El resultado fue que los republicanos perdieron la elección y después de 25 años será senador por ese Estado un demócrata.

El triunfo de Jones, un ex fiscal federal de 63 años mejor conocido por procesar a dos miembros del Ku Klux Klan que asesinaron a cuatro niñas negras durante la explosión en una iglesia de Birmingham en 1963, reduce aún más la escueta mayoría republicana en el Senado federal a 51-49.  Gano un demócrata pero el abuso sexual fue un factor determinante en la conciencia colectiva de los votantes, en especial la población afroamericana y jóvenes.

Las denuncias de acoso sexual también alcanzaron a Trump y si bien son difíciles que prosperen dada la composición del Congreso, mostraron que su respaldo a Moore -pese a la consistencia de las denuncias en contra del candidato-, deterioraron su imagen y limitara la mayoría republicana en el Senado a un solo voto, lo que dificultará enormemente que ese partido logre sacar adelante sus proyectos legislativos.

Hoy el acoso sexual (sexual harassment como se dice en inglés) se erige como un factor de descalificación para los que ejerciendo el poder de su posición, denigran a la o las mujeres que dependen de ellos.  Falta saber hasta dónde llegara la sanción jurídica y social para estos personajes que cimentan el paradigma machista de estas sociedades.