A casi 16 años del misterio: la desaparición de una familia completa

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En 2002 desapareció una familia completa en la localidad de Nogoyá. A casi 16 años, aún no hay respuestas. La protagonista de esta historia fue la familia Gil, todos ellos trabajadores del campo y compuesta por el padre, la madre y cuatro pequeños hijos de la pareja.

En enero de 2002, tras asistir a un velatorio, regresaron a su hogar y luego desaparecieron, en su momento se los buscó intensamente pero aún se desconoce su paradero, si está vivos o muertos. La investigación de las autoridades nunca pudo dar una respuesta concreta al sorprendente hecho. Las voces populares se elevaron e hicieron crecer la hipótesis de una posible abducción extraterrestre, debido a confusos testimonios de vecinos.

“Los hechos comenzaron el 14 de enero del 2002 cuando la familia compuesta por José Rubén Gill, de 56 años, su esposa Norma Margarita Gallego (26), sus hijos María Ofelia (10 años), Osvaldo José (9), Carlos Daniel (6) y Sofía Margarita (4) abandonaron la estancia que cuidaban en el “Paraje Crucecita” rumbo a la ciudad de Viale, distante unos 12 kilómetros para asistir al velatorio de un amigo de la familia”.

“Cabe señalar que esa región entrerriana, en el departamento de Nogoyá, fue escenario en esos años de infinidad de avistamientos de objetos voladores no identificados por parte de pobladores y turistas y hasta un contacto del tercer tipo, como el testigo Daniel Medina, que tuvo contacto directo con los tripulantes de una nave. También se deben sumar los relatos reiterados del vuelo de extraños aparatos a baja altura, la constante aparición de animales mutilados en la zona y la inquietante presencia de presuntos marines norteamericanos”. 

Pero a pesar de todos estos detalles que harían pensar en cuestiones paranormales, la realidad es que la lógica criminalística avanzó hacia una hipótesis criminal, y se buscaron pistas por un posible séxtuple homicidio. Es por eso que se buscaron posibles entierros de cuerpos hasta 200 metros alrededor de la estancia, peritos forenses, distintos agentes de organismos del gobierno, funcionarios judiciales y policiales, incluso con perros rastreadores, trabajaron en torno a una venganza, un ajuste de cuentas y hasta un problema pasional.Pero en todos esos años no se encontró nada. 

“La reconstrucción de los últimos pasos de la familia Gill permitió saber que, tras haber pasado la madrugada en el velatorio, emprendieron el regreso a la estancia, utilizando el transporte público. Esa fue la última vez que alguien los vio con vida. Tuvieron que pasar tres meses para confirmar la desaparición de las seis personas. ¿Por qué tanto tiempo? Los investigadores dicen que es algo normal, porque los Gill sembraban y cuidaban el ganado de la estancia y no tenían mucho contacto con el exterior”.

Casi 16 años después, la justicia jamás logró procesar a nadie. Ni siquiera pudo elaborar una teoría que fundamente un crimen. La carátula del expediente sigue con el título de “averiguación de paradero”. A finales de 2017 no hay elementos que presuman la muerte de los Gill y un detalle importante: la estancia quedó desolada, con todos los documentos, vestimentas, juguetes de los chicos y hasta la comida servida, como si todos se hubieran esfumado en ese momento.

Testigos afirman que ni los perros quedaron, sólo uno que estaba lejos de la casa y que se mostró muy temeroso en los días siguientes. Todo un misterio que debería haber sido investigado desde todos los ángulos, pero que lamentablemente no sucedió así. Una de las novedades de la causa fueron las conclusiones arribadas luego de una “autopsia psicológica” realizada por un psicólogo forense quien determinó que los Gill no pertenecían a ninguna secta religiosa ni profesaban religión alguna con la que pudiera relacionarse su desaparición.

En cuanto a la personalidad del jefe de familia el perito agregó que “era un hombre alegre, locuaz, sociable, al que nunca se le veía triste, de acuerdo con los testimonios peritados. No existían motivos para que estas personas cortaran todos su vínculos con sus seres queridos, por lo que la hipótesis de muerte o privación de la libertad deben ser tomada como una cuestión de Estado y no como un caso más”.

Lo último que se sabe del caso, que fue reabierto en el año 2015 por un nuevo fiscal, es que el dueño del campo, Alfonso Goette, murió en un extraño accidente al perder el control de su camioneta y volcar en un camino regional, justo ese año. Un ex empleado de Goette habló tras la muerte de este, al parecer liberado de alguna promesa o presión que tenía, haciendo importantes declaraciones que podrían llevar al esclarecimiento definitivo del caso Gill. 

Es de esperar que esto así  ocurra. Por todas estas razones y ante la falta de evidencias más consistentes, la desaparición de seis miembros de la familia Gill, puede sumarse, hasta que se demuestre lo contrario, al amplio dossier de “desapariciones misteriosas”.