Evo Morales y el Papa Francisco: 28 minutos y sin regalos

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Con un sonoro “Hermano Papa, buen día”, el presidente boliviano Evo Morales se presentó sonriente ante el argentino Jorge Bergoglio, que lo llama por su nombre, en una audiencia de 28 minutos y sin el habitual intercambio de regalos en la sala del Tronetto del Palacio Apostólico vaticano cargada de expectativas por las tensiones en aumento con Chile. Dentro de un mes el Papa visitará el país trasandino y Perú (15-21 de enero) y los chilenos se oponen a que el pontífice romano haga ningún comentario o gesto que favorezca el diálogo hoy imposible con Bolivia hasta que se pronuncie la Corte Internacional de Justicia de La Haya. Bolivia quiere discutir la salida al mar que le fue quitada por la fuerza.

En la sangrienta guerra del Pacífico, combatida entre 1979 y 1883, Bolivia perdió 400 kilómetros de costas y 120 mil kilómetros cuadrados de su territorio, perdiendo sus accesos al océano. Chile ganó por goleada el conflicto bélico contra Bolivia y Perú, cuya capital Lima fue ocupada por las fuerzas armadas chilenas.

Evo Morales dijo a los periodistas, antes del encuentro con Bergoglio, que plantearía “al hermano Papa” la posición de su país en este conflicto, para que Chile acepte un diálogo abierto. Morales se presentó en la audiencia acompañado por uno de los especialistas en la demanda ante la Corte Internacional, Eduardo Rodríguez, y por un asesor de la Dirección e del Mar boliviano, Emerson Calderón, que lo asesoraron durante el diálogo con el pontífice.

Al anunciar el viaje hace un mes en el Vaticano, los chilenos hicieron en forma impropia para la diplomacia un pedido que sonó a advertencia a Bergoglio, para que se abstuviera de hacer comentarios sobre el pleito fronterizo.

Al revés de Bolivia, Chile no tiene nada que ganar y sí mucho que perder con una apertura de diálogo que alteraría el statu quo que logró con el tratado de paz de 1904, en las que impuso todas sus condiciones de vencedor a Bolivia y Perú. Aquellas viejas heridas siguen abiertas.

En 2015, durante una visita a Bolivia el Papa dijo que “el diálogo es indispensable”. Agregó que pedía una diplomacia “que evite los conflictos con los países hermanos y contribuya al diálogo franco y abierto de los problemas. Estoy acá pensando en el mar”.

Antes del encuentro con el Papa argentino, el líder indígena (aymara) más importante de América Latina dijo a los periodistas que tanto si gana gana el oficialista Alejandro Guiller o el conservador Sebastián Piñera en el balotaje presidencial de este domingo en Chile, “lo vamos a ver con buenos ojos para seguir hablando. Y no solo del tema del mar: como hermanos y vecinos tenemos la obligación de seguir en diálogo permanente”.

Evo Morales subrayó que “Bolivia no es un Estado agresivo o un pueblo expansionista”.

“Estamos obligados a mantener buenas relaciones con el presidente de Chile que saldrá de las urnas, pues dos países vecinos deben estar en diálogo permanente”.

“Espero que el domingo sea una fiesta democrática para el pueblo chileno. Nos respetamos pese a las diferencias de carácter ideológico”, concluyó.

Ayer jueves, el canciller vaticano, arzobispo Paul Richard Gallagher, recibió durante una hora al vicecanciller chileno. La audiencia fue considerada una compensación para evitar más sismos geopolíticos.

El Papa y Morales, a quien Bergoglio llama “Evo”, mantienen una relación muy cordial y fluida. En total se han visto seis veces: tres en Bolivia y tres en el Vaticano con el encuentro de hoy.

Los chilenos tienen por lo menos una fuerte desconfianza en Evo Morales y también del Papa argentino. Las encuentras regionales demuestran que la peor imagen ante la opinión pública sudamericana la tiene Jorge Bergoglio en Chile.

El presidente boliviano, que aspira a una cuarta reelección, ha puesto el acelerador en sus proyectos. Ayer consolidó en Suiza el sueño gigantesco del Corredor Ferroviario Biooceánico, que se construirá entre el puerto brasileño de Santos (en el Atlántico) y el puerto peruano de Ilo, en la provincia costera peruana de Moquegua (en el Pacífico).

El trazado es de 3.2175 kilómetros, con un costo de 15 mil millones de dólares. Se trata de una obra histórica para los intereses del Cono Sur, porque también se verán beneficiados otros países como Argentina, Uruguay y Paraguay. El diseño final del proyecto estará listo el año que viene, prometió Morales.