Argentina ante la oportunidad de debatir en serio

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Daniel Arroyo, un caminante de las realidades sociales de los barrios más difíciles del conurbano me dijo: *el gobierno ha decidido no gobernar para todos, sólo para una parte de la Argentina: los que están cansados del piquete. Veo que los bolsillos están secos, con alguito más de changas. No hay explosión social a la vista, hay gran pobreza con un sostén  llamado esperanza que sin expresarlo parece decir “démosle un poquito más de tiempo”. La movilización social crece y el gobierno parece estar dispuesto a que avancen las fuerzas de seguridad*

Esta radiografía social de Daniel Arroyo merece una reflexión especial para una Argentina con una triste historia de excesos. Las fuerzas de seguridad no fueron instruidas en democracia para contener ni imponer autoridad sin costo social. 

Si la lectura de la realidad es el presente, Argentina no tiene salida. Si la política planifica en función del largo plazo sobre la base de las fortalezas que aún tiene, puede volver a ser una oportunidad. Hace décadas Argentina es un abstracto, sin proyección, sin datos, sin rumbo. Nuestro país conserva aún la estructura de su potencial alicaído, sin inversión en muchos casos, conserva su tejido industrial, sus cadenas de valor, sus científicos, hasta un historial en premios nobeles. Argentina es una “sensación” de distintos problemas que sólo son reales para quienes los padecen. ¿Hay inseguridad?. Sí. ¿Tenemos el mapa que señale los puntos más convulsionados del delito común, del narcotráfico,  de dónde y cómo prevenir el delito? No. ¿Hay desnutrición infantil? Sí ¿Tenemos el mapa que señale los puntos geográficos con mayor mortalidad infantil? No. ¿Hay una planificación para combatirla y desterrarla? No. Sólo contamos con el infatigable e invalorable aporte del Dr. Abel Albino y sus centros CONIN.  El INDEC no es principio y fin de las estadísticas. Su normalización no debe conformarnos. Las distintas fuerzas políticas debieran debatir largamente los desafíos de una Argentina que se repite en falencias y se agrava. En lo económico hemos pasado en las últimas décadas de hiperinflaciones a recesiones, devaluaciones, ajustes. Siempre con el esfuerzo de los sectores más desposeídos y de la clase media. La pregunta es ¿adónde fue tamaño esfuerzo? Luego de estos sacudones, los argentinos  seguimos sin previsibilidad, no tenemos tranquilidad, y Argentina como tal creció un tercio menos que Uruguay y Colombia y un cuarto menos que Chile. Hasta los 60 aproximadamente, Argentina contaba con un Estado producto de un proyecto que estaba al servicio de las necesidades básicas de su población. El ciudadano contribuyente no necesitaba por entonces pagar en forma paralela a sus contribuciones seguridad privada, educación privada, salud privada. De ahí para adelante nuestro país, parafraseando al futbol,  no fue capaz de generar su propio banco de suplentes y cual jugador envejecido perdió rapidez, iniciativa, quedó a la defensiva, perdiendo por goleada… el Estado dejó de estar presente y pasó a ser un problema para los ciudadanos. Aquella Argentina que valoraba la cultura del trabajo, pasó a ser el país que fue valorando al vivo de la esquina. La corrupción fue ganando el espacio de las buenas prácticas violando y corrompiendo las reglas no escritas de los códigos corruptos mundiales. El 5% se corrompió a sí mismo  generando una malformación que se enquistó con trágicas consecuencias. El crear obras innecesarias porque la “cometa” era más grande; capas de asfalto anémicas que en los papeles figuraban con el espesor correspondiente; reparaciones de quirófanos, de buques, de trenes sólo en los papeles. 

Todo esto se solucionaría si se planifica un país en el cual se logre acordar no para que ganen solo los firmantes a costa de los más destutelados como en el último acuerdo fiscal, sino para compartir entre todos los costos necesarios para poder emerger protegiendo a los que no les queda nada ya por perder.

Argentina no puede tener los alimentos más caros del mundo. Argentina no puede tener la nafta más cara del mundo dentro de los países productores de combustible, sólo nos supera Uruguay que no lo es. Argentina no puede seguir aplicando políticas que además del alto costo social sean parches que luego profundicen el problema. La reducción de subsidios, el aumento de las tarifas con impacto en la inflación, todo ese esfuerzo se lo lleva puesto el pago de los intereses del endeudamiento. 

Por estos días la inquietud pasa, entre otras,  por la reforma previsional. Pensar que desde 1994 a la fecha hubo ocho reformas al sistema sin tener en cuenta que cualquier mínimo cambio afecta no sólo la vida económica de los actuales beneficiarios sino el futuro de los actuales aportantes. Es una vergüenza que para el proyecto que tuvo media sanción en el Senado y está a consideración de Diputados, los legisladores no hayan solicitado el informe de las distintas gestiones a cargo de la ANSES en cuanto al destino de los fondos: a quienes se  prestó, a qué interés y cuál fue el porcentaje de recupero.

Argentina se debe la oportunidad de discutir en serio.