Luciana Aymar y otra vuelta a casa

''

“Aceptar el reto, recuperar la risa, ensayar el canto, bajar la guardia y extender las manos, desplegar las alas e intentar de nuevo, celebrar la vida…”. Tranquilamente, uno de los poemas más bellos de Mario Benedetti (No te rindas) podría desarmar sus versos y hacerlos títulos para cada escena. Para cada una de las escenas de las que se vivieron ayer en el Jockey Club, con una vuelta más a casa de Luciana Aymar, la mejor jugadora del mundo de todos los tiempos, más distendida que nunca, disfrutando de las pequeñas cosas y dándole una alegría inmensa a Los Tigres de El Gráfico, la asociación civil que nació hace un par de años con el fin de generar inclusión a los chicos del barrio a través del rugby y el hockey. Ayer, muchos de esos chicos (mayoría de nenas, claro) que fueron a Jockey con la felicidad de saber que iban a pisar un sintético por primera vez se toparon con una sorpresa mayor: Lucha apareció para jugar con ellos. Las caras atónitas lo decían todo: tenerla enfrente era un sueño hecho realidad. Para Lucha era algo parecido: la realidad, otra realidad y la apertura hacia esas cosas que en otro momento no se permitió. Sobre el mediodía, ya en un banco de suplentes y con el silencio de la cancha vacía, le dijo a Ovación: “Esta es una oportunidad para que los chicos compartan los valores del deporte y los trasladen, es lo más grande que hay: el respeto, el compromiso, la perseverancia, la frustración de que algo no te salga, la satisfacción de lograrlo (…) Ese es un granito de arena que tarde o temprano va a servirles en la vida”. Además reconoció todo eso que está disfrutando tras el retiro que tanto le dolió, que la obligó a tomar distancia del mundo al que estaba acostumbrada y develó la necesidad que tuvo hace unos días, la de volver al Club Atlético Fisherton (CAF), donde se inició y de los recuerdos que se le revolucionaron con ello. “Que la vida es eso, continuar el viaje…”

¿Cuáles son las sensaciones de una mañana distinta, para vos y para los chicos de El Gráfico?

Estoy muy contenta, conocía el proyecto desde hacía tiempo, Guille (Guillermina Benetti, amiga y una de las impulsoras junto a su esposo Rómulo Bertoya) me venía hablando de esto, firmamos para que les dieran el lugar (un terreno detrás del Jockey, en el que entrenan y hacen talleres) y me acuerdo de todo desde el comienzo, esta historia es muy linda. Y no todo el mundo se involucra en algo así, por lo general, el que está entrenando, y más en un club como este, no sé si se da el espacio para ayudar a la gente que tiene del otro lado, con tanta diferencia en el nivel de clases sociales. La verdad es que me conmueve lo que hacen, todos los profes (de Jockey, que entrenan a Los Tigres) tienen su vida, su laburo y se hacen el espacio para venir, dar clases y estar con chicos que por ahí no tienen el hábito de club, porque viven otras realidades, y hay que trabajar otras cosas.

No es sólo hockey, cada uno seguramente arrastre una problemática para abordar.

Sí, son esas rebeldías que por ahí se expresan, por eso los profes también tienen que ponerse en un lugar y adaptarse. Los chicos de Jockey obviamente no tienen los mismos problemas que ellos, problemas muy difíciles y algunos vienen con una carga emocional muy grande. Hay realidades a las que los profes también se adecuen, como el hecho que un chico haya venido sin desayunar o no tenga zapatillas, implica un montón de cosas. Acá el deporte es más recreativo que técnico, es sacarlos un poquito de todos los problemas que puedan tener y que disfruten, que compartan y que empiecen a entender los pequeños detalles de una disciplina, como respetar una orden, respetar al compañero. Eso es un granito de arena que les das y que después, seguramente, lo van a expresar en la vida.

¿Por eso cuando te presentaste en la ronda inicial les hablaste de sacrificios, esfuerzos, de que nada es sencillo?

Lógicamente. Hablé de mi carrera pero uno sabe que es difícil llegar a un seleccionado nacional, tenés que estar en un club, después en un seleccionado de tu ciudad, que te vean. Pero ya esto, la posibilidad de que puedan compartir valores, que los trasladen, es lo más grande que hay: el respeto, el compromiso, la perseverancia, la frustración de que algo no te salga, la satisfacción de lograrlo. Después lo trasladás a la vida. Todos los que hemos vivido el deporte los tuvimos.

¿Qué te decían cuando te acercaste a los pequeños grupos de trabajo?

Estaban tímidos, algunos me conocían, otros no. Para ellos la ilusión de estar con alguien que estuvo en un seleccionado era grande. Así que no importa si me conocían o no.

Ahora más distendida, ¿podés cosechar cosas de lo que fue tu carrera?

  Sí, me costaba un montón. Antes yo estaba en el proceso de separación, de divorcio (se refiere a su alejamiento del hockey), hubo un período que me costó bastante, traté de distanciarme de todo para poder superarlo y hoy me siento mucho mejor. La verdad es que todo el mundo me lo dice, que me ve mejor. Soy transparente igual, enseguida te das cuenta cómo ando. Pude soltar un poquito y estoy disfrutando de otras cosas, de hecho esto quizás no lo hubiese disfrutado antes, tampoco quizás hasta lo hubiese hecho, porque no estaba bien conmigo misma. Estando acá en Rosario aproveché esto y también fui al club Fisherton a entregar unos premios de las menores, no había ido nunca desde que me cambié de club (siendo muy chica) y tienen la cancha con mi nombre. En algún momento tenía que ir y resultó ser este.

  ¿Vas tomando nota? Tenés esa cancha con tu nombre, la de Jockey, un estadio Mundialista…

  ¡De un año para otro tuve tres canchas! Igual ir a CAF fue muy bueno, pero no me dejaban entrar porque no tenía carnet, no todo el mundo me conoce (risas). Cuando entré al club fue una sensación tan linda, porque si bien fui algunas veces a cenar, no es lo mismo, no había vuelto a los espacios en los que crecí. Entré y encontré las canchas de tenis en las que jugaba cuando tenía 8 años, de repente pasé por el frontón en el que estaba horas peloteando. Ahí viví las mejores cosas de mi infancia con mi familia. Pasé por el quincho donde festejaba los cumpleaños y en la cancha de hockey que era la lonjita de pasto, hay un sintético impresionante. Cuando nosotras jugábamos ahí nadie conocía el deporte, no puedo creer que después de eso pasé por tantos lugares, jugué en la selección… Y aquello era eso, una lonja de pasto y hasta columnas había que teníamos que esquivar. Ahora disfruto de hacer todas esas cosas.

  ¿Por qué necesitabas volver?

  Porque la vida me llevó a la ambición de querer más. Cuando me vi en un seleccionado quería ganar todo, cuando quería ganar todo también quería ser la mejor del mundo, la mejor en todos los torneos y siempre un poco más. Uno va dejando atrás las cosas y quizás no me di el espacio para volver al CAF, de hecho venía muy poco al Jockey. Con los torneos me pasaba lo mismo, me iba olvidando. Cuando fui a los Juegos Olímpicos de Londres (2012) y me preguntaban por los anteriores no me acordaba de nada, pero porque mi cabeza funcionaba así. Fui la última Leona Vintage en el equipo (así se autodenominan las históricas), y para seguir avanzando tenía que soltar. Esa cabeza, ese camino, me llevó a no poder volver y ese no volver fue mejor para seguir avanzando y hoy me estoy dando estas posibilidades, estoy liberada, lo de volver a CAF fue hermoso.

  ¿De Las Leonas finalmente te pudiste separar?

  Sí, pero fue muy difícil. Cuando terminé de jugar todo el tiempo me comunicaba con las chicas, o me llamaban para saber cómo hacer tal cosa y yo seguía involucrada emocionalmente. Si me daban un palo y me decían “volvé” a jugar para estar en Río (los Juegos 2016), volvía. Gracias a Dios me lo pidieron solamente las chicas y dije “Lucha concentrate, concentrate, no”. En un momento sentí que ya no me hacía bien estar tan cerca, así que lo mejor era distanciarme y empecé a viajar, a no ir a los entrenamientos y creo que eso me ayudó. Pero bueno, era un duelo, no estuve bien, el hockey fue el amor de mi vida. Y después un divorcio en el que yo no me quería divorciar. Pero me divorciaron (risas).

  ¿En eso te ayudó tu novio, Fernando González? (Ex tenista top ten, vive con él en Chile).

  Hace poco dije en Chile que Fer se había ganado el cielo, lo interpretaron mal, porque no lo decía por mí, sino por lo que se bancó. Durante mucho tiempo seguía con momentos de angustia, de tristeza, de vacío, veía jugar a Las Leonas y me ponía mal, él tuvo que soportar todo eso, situaciones mías que no estuvieron buenas. Nos encontramos mucho por el alto rendimiento, los dos comprendimos mucho cuáles son las necesidades del otro. Somos muy parecidos en todo sentido y eso para mí está buenísimo.