Ikigai, la filosofía japonesa para vivir más de cien años

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Es sabido que los japoneses son los hombres más longevos del mundo y las teorías acerca de cómo lo logran son varias. Un gran abanico de estudios e investigaciones hace referencia al tipo de alimentación, al ejercicio y al buen descanso y, según datos de la OMS, viven un 83,7% más que la media.

La gran mayoría de los longevos japoneses viven en Okinawa, lugar que el investigador Dan Buettner identificó como una de las zonas que registra la mayor cantidad de personas con edades por encima de los 80 años, y la periodista Junko Takahashi sirvió como testimonio real de los octogenarios japoneses.

Takahashi aseguró en su libro “El método japonés para vivir cien años” que esa cultura logra a través de sus historias increíbles enseñar sobre cómo vivir más tiempo, y aún más importante, cómo lograr disfrutarlo y aprovecharlo al máximo. Para ella, la personalidad, a pesar de cambiar de una persona a otra, mantiene una línea, y por eso explicó que los centenarios que entrevistó “son francos, resueltos, escrupulosos, sociales, curiosos, liberales y tienen un espíritu que les impide rendirse”.

¿Qué comen los japoneses?

La revista científica Journal of the American College of Nutrition publicó varios estudios y llegó a la conclusión de que hay una relación directa entre los miembros centenarios de la comunidad japonesa y el estilo de vida saludable que implementan. La investigación reflejó que la dieta de Okinawa es baja en calorías pero altamente nutritiva.

Se basa en el consumo de arroz, pescados, mariscos, bajas cantidades de carne, granos refinados, grasas saturadas, sal, azúcar y productos lácteos enteros. La misma se caracteriza por ser alta en carbohidratos, en su mayoría de origen vegetal y por tener platos que requieren de muy poca cocción o que se sirven crudos.

Otro secreto es que comen las verduras bien duras, para no perder las vitaminas al hervirlas. Las comidas fritas son escasas, salvo la Tempura, una mezcla de pescados, verduras fritas y salsas.

El método ikigai

La alimentación se suma a las “ganas de vivir” y al tipo de mentalidad que los habitantes originarios de Japón traen consigo de manera ancestral, y los españoles Héctor García y Francesc Miralles parecen haber encontrado la respuesta a su filosofía.

Este par de amigos delineó el concepto denominado “ikigai”, el cual podría traducirse como “razón de ser”. García es un ingeniero valenciano y vive en Japón desde hace 12 años, mientras que Miralles es un periodista oriundo de Barcelona que frecuenta mucho esa ciudad. Ambos decidieron visitar Okinawa y entrevistar -al igual que Takahashi- a sus habitantes, quienes cada vez que les preguntaban “por qué tenían tantas ganas de vivir”, contestaban con una simple palabra: ikigai.

Ese concepto hacía referencia a las motivaciones que llevan a que las situaciones negativas queden a un lado y, en lugar de poner energías en eso, se abre paso aquello que hace bien. Todos tenían distintos tipos de estímulos que les daban fuerzas y los impulsaban a levantarse de la cama cada día.

De esta forma, la idea de vivir más feliz se ha incorporado a otras corrientes de bienestar como el fika sueco o el hygge danés, y tal pensamiento fue reflejado en “El método ikiga”. El objetivo de esta táctica es identificar aquello en lo que se es bueno, que genera placer realizarlo y que además aporta algo al mundo.

“Cuando todos tenemos una idea o proyecto que nos dé ganas de levantarnos cada mañana es una buena señal. Además de tener un buen desayuno, hay que agregarle algo más espiritual, algo que te guste, como ver a tus amigos o hijos. Hay que tener en cuenta que todo depende de cómo uno mire las cosas, eso ayuda mucho. A veces las cosas no se pueden cambiar externamente, pero si la mirada es más benevolente, todo cambia”, señaló a Infobae la psicóloga Beatriz Goldberg.

¿Qué nos hace más felices?

Desde la psicología tienen la concepción de que identificar el lugar en donde estamos parados definitivamente ayuda al bienestar mental, y además puede ayudarnos a sentirse mejor para con uno mismo.

De esta manera, el agradecimiento que las personas tengan hacia la vida y motivarse con algo positivo funciona como un combustible y un motor esencial. “Todos tenemos habilidades y fortalezas. Una vez que las conocemos tenemos que apuntar hacia esa dirección. Hay que tener una actitud positiva en la vida, mejorar, ir para adelante y ver en qué nos tenemos que apoyar para ser felices”, detalló la especialista.

“Hay que identificar qué nos hace bien. Esto se puede reflejar en el trabajo, aunque uno sienta que no es el mejor, hay que ver lo bueno. Por supuesto, ganar dinero es una de las cosas a las que se prestan atención, pero si uno disfruta eso, todo es mejor. Muchas veces es más fácil de reconocer. Cuando lo identificamos ya es un paso importante porque ya nos motoriza”.

Ver cuáles son las actividades que “se pasan volando”, reconocer con qué situaciones o personas se está más feliz, para qué cosas uno es más hábil o recordar qué se hacía de niño es fundamental para saber dónde está el “ikigai” de cada uno está en actividades matemáticas, artísticas o intelectuales.

Después de esto, el siguiente escalón es comenzar a hacer aquello que genere placer y alegría. Lo ideal es diseñar un plan y seguirlo, ya que nunca es tarde para encontrar un lugar en el mundo.

IB