La cocina de la ópera: una experiencia desde el Ecuador

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En noviembre, la cuna creativa del Ecuador, dio a luz una producción local que se convirtió-sin dudas- en uno de los eventos más destacados del mes. “La flauta mágica”, última ópera creada por Wolfgang Amadeus Mozart y escenificada durante vida del maestro de la música clásica en 1791, fue renovada en el escenario del Teatro Carlos Cueva Tamariz. El 2° ensayo general y pre-estreno tuvo lugar el 14 de noviembre y Sin Mordaza (único medio internacional presente) tuvo acceso exclusivo al diálogo con quienes trabajaron arduamente por 3 meses para ejecutar esta propuesta artística.

Vanesa Regalado, es joven, amable y talentosa. Hoy presidenta de la Fundación MusArtEh!, que trabaja hace 2 años, entidad impulsora de la producción. “Se trata de nuestro segundo desafío. El primero fue La Traviata. Nuestro trabajo nace por la necesidad de brindar formación y espacio laboral a los talentos locales –y de otros puntos del Ecuador”, explicó Vanesa. En escena, interpretó dos personajes (alternados en las 3 funciones realizadas): Papagena, la mujer-pájaro que los dioses ponen en el camino de Papageno para acompañarlo y cumplir su sueño de amor, y Pamina, la bella princesa “raptada” en manos de Sarastro.

Ópera en Latinoamérica: ¿Peligro de extinción?

“Buscamos recuperar el género, dado que notamos que últimamente no está muy instalado. Hay un gran avance del formato comedia musical. La ópera nos necesita. Necesita de todos los que amamos el teatro”, reflexiona Vanesa y deja al descubierto que el compromiso asumido no es sólo profesional, sino social y cultural.

Tiempo de pensar, en cada país de nuestro continente, en lo que en Argentina aparece como “escuela de espectadores” o iniciativas similares que buscan educar a los pueblos latinos en el consumo y la comprensión de las artes escénicas. En una vida social tan mediática y vacía de contenidos profundos, en medio de la invasión del reggaetón y el mundo virtual, este propósito parece un sueño de ingenuos. Sin embargo, esta experiencia demuestra que en cada rincón, en cada ciudad, hay verdaderos amantes del arte, idealistas y serios con su trabajo que busca impactar en sus entornos para promover cambios. A pesar de todo.

La cocina de la ópera

Con un director musical alemán –Michael Meissner- que dirigió la Orquesta Sinfónica de Cuenca, y un responsable local de la adaptación al castellano y la dirección escénica – Javier Andrade Córdova- fue llevada adelante esta versión cuencana: 99% de los participantes son ecuatorianos. Canto lírico, actuación, música en vivo, acrobacias en tela, danza mediante proyecciones audiovisuales, coros y una producción prolija, moderna y atractiva de vestuarios, maquillaje y escenografía generaron un clima fantástico. El reto fue muy bien logrado.

La puesta en escena, pensada para un público familiar, reflexiona sobre distintos aspectos éticos y morales: sobre la mentira y el valor de la verdad, acerca de la Justicia y el cumplimiento de la ley, en cuanto a la música como instrumento de alegría e inspiración para las personas, sobre la valentía de poner en riesgo la vida misma por un objetivo noble, de los mandatos familiares, sobre la locura del amor, respecto al acoso a una mujer por su belleza, sobre la búsqueda de la sabiduría, entre otros tópicos. ¿Cuento de hadas o alusión a los ritos masónicos de iniciación? Queda a la libre interpretación de cada espectador. Lo cierto es que estas grandes obras siempre retornan porque abordan temas universales, que nos siguen atravesando y sobre los que no nos hemos dado respuestas definitivas.

 

Para pensar…

El personaje de Papageno, hombre-pájaro a quien le es encomendada la tarea de acompañar al príncipe Tamino en su rescate de la princesa Pamina, sigue siendo (desde un sútil humor) el reflejo del hombre simplista, que se conforma con cosas banales, que duda y evade los compromisos, el riesgo, que piensa sólo en su beneficio personal, que miente para aperentar. Ese perfil que el mundo nos vende todos los días, y en el que muchos caen. Sin embargo, los dioses no lo condenan. ¿Injusticia? Es que cada Papageno que camina por el mundo se ha condenado solo…

 

Por Rocío Corrales