El desempleo bajó respecto al año anterior en Rafaela

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La desocupación en Rafaela bajó al 8,1% en el último año, luego de haber registrado un índice de 9,4% en 2016, lo que supone una reducción de 1,3 puntos porcentuales. El dato es alentador respecto al año anterior considerando que en 2016 se vio reflejado el peor de los resultados de los últimos 11 años. Además, la subocupación demandante -personas que trabajan menos de 35 horas semanales y que quieren ocuparse laboralmente durante más horas- creció al 10%, con lo cual el universo de personas con problemas laborales se ubica en un 18,1% de la población económicamente activa, contra 17,4 del año anterior.

Los números están reflejados en las conclusiones del Relevamiento Socieconómico 2017, con datos de la Encuesta Permanente de Hogares, que fueron presentados ayer en el Salón Verde del Palacio Municipal, en un acto presidido por el Director ejecutivo Lic. Marcelo Ortenzi, del Instituto de Capacitación y Estudios para el Desarrollo Local.

El informe fue elaborado por el ICEDeL, y Ortenzi, fue el encargado de desgranar los datos principales. Los números relevados “evidencian que la falta de oportunidades laborales sigue siendo un problema para la ciudad de Rafaela moderada de puestos de trabajo no han sido capaz de proveer suficientes alternativas de empleo”. Los datos señalan que “uno de cada cinco ciudadanos que compone la Población Económicamente Activa (18,1%) transita un escenario signado por notorias dificultades, ya sea por no lograr insertarse en el mercado laboral o por contar con ocupaciones de bajas prestaciones horarias”.

El primer elemento a destacar es la elevada proporción de la ciudadanía que reviste en las filas de la población económicamente activa (PEA). Durante el año 2017, un mayor número de habitantes en edad de trabajar se ha volcado al mercado de trabajo, elevando la PEA a 50,3%, segundo registro histórico más elevado desde el año 1993, solo superado por la medición del año 2013 (50,5%). Con una inflación que superó el 40% durante 20161, el derrumbe de los salarios reales provocó la pérdida de poder adquisitivo y esto incitó la afluencia al mercado laboral de un segmento de la población que anteriormente se encontraba voluntariamente excluido del mismo. La necesidad de compensar el desplome de los ingresos, sumado a las dificultades que atravesaron aquellos hogares que sufrieron despidos, suspensiones o caída de la actividad cuentapropista en los últimos meses, obligó a que nuevos sectores de la población emprendan acciones para insertarse a la vida laboral activa, elevando así la tasa de actividad local.

Dos circunstancias ratifican estos razonamientos: por un lado, se produjo un sensible incremento en la proporción de estudiantes que integran la PEA, mientras que en el año 2016, el 33,3% de los estudiantes de 16 años o más se encontraban volcados al mercado de trabajo, en el año 2017 dicho porcentaje se elevó hasta 44,3%; por otro lado, se verificó una ampliación en la participación femenina dentro de la fuerza de trabajo, indicando una creciente incorporación de la mujer a la PEA local.

El Relevamiento Socieconómico respeta una metodología de trabajo homologada por el Instituto Provincial de Estadísticas y Censos y por el INDEC. Se realizó una encuesta sobre 690 viviendas, relevándose 695 hogares con 1.759 personas y más de diez años, en una población de 2.039 encuestados. El trabajo de campo se realizó entre el 28 de mayo y el 3 de junio, el nivel de confianza es el 95% y el error muestral, del 2%. La información fue captada en el aglomerado urbano de Rafaela, comprendiendo la totalidad de los barrios de la ciudad. En la ciudad de Rafaela habitan aproximadamente 104.000 personas.

 

Perfil de los desocupados

La desocupación se distribuye de manera desigual entre los diferentes grupos poblacionales. Golpea principalmente a los jóvenes con bajo nivel de instrucción, y muy especial a las mujeres menores de 30 años que no terminaron el ciclo secundario, siendo este un dato que se repite todos los años.

Los menores de 30 años tienen una participación del 63,9% sobre el total de desocupados. Se trata de un sector que históricamente ha presentado mayor vulnerabilidad en los procesos de inserción laboral. Menos de un tercio de los jóvenes desocupados son hombres (30,2%). Esta misma situación se repite para todo el segmento de desocupados locales, puesto que los datos globales de la ciudad indican que el 69,9% de los desocupados son mujeres, una cifra que confirma la prevalencia de lógicas de género en la caracterización de las relaciones laborales actuales. Los jóvenes de 15 a 24 años representan solo el 17% de la estructura poblacional de Rafaela y apenas el 14,4% de la PEA. No obstante, cerca de la mitad de los desocupados de la ciudad se han ubicado en esta franja etaria (48,2%), confirmando que se trata de uno de los grupos poblacionales tradicionalmente más vulnerables al momento de acceder a una ocupación, situación que obliga a redoblar los esfuerzos y las políticas locales de fomento al empleo para los sectores de menor edad.

Los problemas laborales se hacen extensivos también al agrupamiento de adultos maduros, incluyendo aquí a los hombres y las mujeres que tienen entre 45 a 65 años de edad. El 18% de los desocupados en Rafaela tiene 45 años o más, un indicador que ha crecido vertiginosamente en los últimos años y despierta preocupación por el alto riesgo de vulnerabilidad y exclusión que afecta a las personas que han quedado al margen del circuito laboral y atrapados en un laberinto de difícil salida; habitualmente excluidos de las principales búsquedas de empleo y en muchos casos con la obligación y la responsabilidad de garantizar la manutención de todo un grupo familiar.

Por último, la incidencia del desempleo difiere, a su vez, de acuerdo a los niveles de educación. Más de la mitad de los desocupados no ha finalizado sus estudios medios, en tanto que uno de cada cinco desocupados se encuentra actualmente estudiando. Los niveles de educación muestran un ínfimo porcentaje de población analfabeta (94,9% de la población de 10 años sabe leer y escribir).