Cómo será la boda salteña de Flor Peña en 2018

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A un mes y días de convertirse en padres de Felipe, Florencia Peña (43) y Ramiro Ponce de León (43) siguen declarándose como una pareja que se ama con libertad y lejos de los estereotipos. Pero eso no impide que hayan puesto fecha para su boda y compartan los detalles.

-Hasta la llegada de Felipe decías que la pareja a distancia era un buen ejercicio de libertad, que no necesitás un marido full time para sentirte contenida. ¿Mantenés esa teoría?
-Bueno, básicamente todo eso que te dije de la fascinación que me generaba la incertidumbre de una vida así… todo eso, ¡lo tiro por la borda! (risas). Creí que tenía manejado el temita de la distancia, hasta que hace un par de días Rama tuvo que viajar a Salta por unas horas. Me sentí una nena a la que le arrebataban la mamadera. ¡Qué angustia! Realmente, estamos ante un desafío. Y me provoca adrenalina. Pero si logramos hacer crecer un amor tan fuerte a la distancia, ¿por qué no una familia? Después de todo, es la realidad de muchos que trabajan lejos de su casa. Y para nosotros, una linda forma de estar juntos, libremente. Cómo lo articularemos, realmente aún no lo sé… ¡Ya no me resulta ningún guión!

-En definitiva, la valentía asoma como para casarte por segunda vez.
-¡Sí! (risas) Yo necesito ese voto. Estamos planeando hacerlo a fines de 2018 (a cinco años y medio de conocerse), en Cafayate -tierras de Ramiro-, con una ceremonia muy artesanal, porque no puedo no ocuparme del mínimo detalle, y para no más de veinte afectos íntimos. Quiero celebrar este amor. Rama apareció con una libertad parecida a la mía, diciendo que soy la primera mujer que se permitió así, “gorda loca”, como me llama. Es la primera vez que un hombre me ama sin pretender cambiarme, así, tal cual soy: impúdica y visceral.

-Cualidades que, sin dudas, te permitieron transformar la experiencia personal de la trombofilia en lucha por una ley para todas. ¿Qué novedades tenés al respecto?
-¡Ya pasó a Presupuesto! De conseguirlo, irá directo a debate en el Congreso nacional. Pero más allá de la rapidez con que avance, estamos felices de haber instalado el tema. Que se haya tomado conciencia. Que muchas mujeres sepan, consulten y no se sientan solas. Y en ese mood, estamos organizando una gran muestra fotográfica para el mes de febrero, que se llamará “Bebés arcoíris” -los que nacieron después de una pérdida por trombofilia-, con retratos de madres que la han padecido. Es bueno tener contacto con mujeres con realidades tan diversas, pero por sobre todo, usar mi espacio para levantar la voz por ganar otro derecho.

IB