Avances en epilepsia: lanzan un nuevo tratamiento

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La epilepsia es un enfermedad crónica y frecuente. Pero también sigue siendo un tema tabú, y pese a que con un diagnóstico y un tratamiento certero el 70% de los pacientes deja de tener crisis, la enfermedad y quienes la padecen continúan en un laberinto de sobrediagnóstico, subdiagnóstico, y estigma.

Esta condición es definida por la predisposición al desarrollo de crisis epilépticas. Como consecuencia de la enfermedad, según la definición de la Liga Internacional Contra la Epilepsia (ILAE), se producen en el paciente alteraciones neurobiológicas, cognitivas, psicológicas y sociales. Se trata así de una de las enfermedades neurológicas más frecuentes, que afecta a unas 50 millones de personas en el mundo.

De acuerdo a estudios epidemiológicos realizados en países desarrollados, 5 a 10 de cada 1000 personas padecen epilepsia activa, lo que se denomina prevalencia de la enfermedad. La incidencia es lo que hace referencia en epidemiología a la aparición de nuevos casos en un período de tiempo y esto es del 40 al 70 por 100.000 habitantes. Además, se estima que un 10% de la población sufrirá alguna convulsión a lo largo de su vida.

“Aproximadamente un 30% de los pacientes con epilepsia no logran un adecuado control de sus crisis. La epilepsia no controlada genera, como consecuencia, un incremento en la morbimortalidad, mayor estigmatización y afectación de la calidad de vida”, explicó a Infobae el doctor Damián Consalvo, médico neurólogo del Hospital Fernández y presidente de la Liga Argentina Contra la Epilepsia.

Según explicó el experto, existen diferentes tipos de tratamientos farmacológicos para la epilepsia: los fármacos antiepilépticos (FAE), que tienen como objetivo controlar las crisis epilépticas, son alrededor de 20; todos con beneficios y efectos secundarios diferentes. Existen los FAE Clásicos, los FAE de Segunda Generación y los FAE de Tercera Generación.

Un nuevo tratamiento

Basado en el principio activo Eslicarbazepina Acetato, fue aprobado por la Anmat un nuevo tratamiento contra la epilepsia, el cual presenta la eficacia de los derivados de las dibenzazepinas pero sin sus efectos adversos, cuya principal ventaja es que se toma una sola vez al día.

“Se trata de una novedad importante ya que el tratamiento de la epilepsia es principalmente farmacológico. Si bien el 50% de los pacientes suelen responder favorablemente a la primera droga de elección, los no respondedores suelen precisar una combinación de distintas drogas”, precisó Consalvo.

El doctor Nahuel Pereira de Silva, médico Neurólogo del Departamento de Neurología del Sanatorio de la Trinidad Mitre explicó que los estudios clínicos han demostrado que este fármaco antiepiléptico de tercera generación es una excelente opción para tratar a pacientes con crisis de inicio focal con o sin generalización secundaria, de una sola toma diaria, comprobada eficacia, mínimas interacciones y bien tolerada.

“Respecto a los eventos adversos, se puede originar sueño, inestabilidad y mareos, pero en forma leve. Estos síntomas son tolerados y transitorios. Son tolerados, después de una semana o algunos días, los efectos se revierten. Y si el paciente toma el medicamento por la noche, el hecho que produzca sueño, no lo afectaría, al contrario”, precisó el especialista.

Y agregó: “Eslicarbazepina se puede utilizar como terapia adjunta en epilepsia focal o para su uso como monoterapia (terapia inicial), siendo aprobada por la FDA y la EMEA con estas indicaciones. Anmat lo había aprobado el año pasado como terapia coadyugante y ahora lo es también como monoterapia”.

La aparición de las crisis epilépticas

Según explican los manuales de medicina, las crisis epilépticas son episodios de alteración de la actividad eléctrica del cerebro que se manifiestan clínicamente por alteración en la conciencia o por aparición de sintomatología motora, sensitiva o conductual.

Las causas son múltiples y van desde la genética, hasta un ACV o una lesión cerebral por trauma. La mayoría de las convulsiones duran de 30 segundos a 2 minutos y no causan daños duraderos. Sin embargo, si las mismas acontecen por más de 5 minutos o si una persona tiene muchas convulsiones y no se despierta entre éstas, se trata de una urgencia médica.

“Los síntomas varían de una persona a otra y el tipo de convulsión o crisis epiléptica depende de la parte del cerebro afectada. Algunas personas pueden tener simples episodios de ausencias, mientras otras tienen pérdida del conocimiento y temblores violentos. De ahí la importancia del diagnóstico que es clínico y se basa en el interrogatorio. Para conocer las causas se investigan antecedentes familiares y personales y lo ocurrido antes, durante y después de la crisis. Además, el médico puede solicitar análisis de sangre y orina, un electroencefalograma (EEG) y estudios por imágenes del cerebro como resonancias o tomografías”, puntualizó el doctor Consalvo, médico neurólogo a cargo del área de epilepsia en el Instituto de Neurología y Neurocirugía del Sanatorio de Los Arcos.

Y agregó: “La importancia de un diagnóstico de certeza radica en que, una vez establecido y comenzado el tratamiento con la medicación apropiada, alrededor del 70% de los pacientes deja de tener crisis. Esto hace que las personas puedan desarrollar sus actividades cotidianas en forma habitual, salvo algunas excepciones”.

“Respecto a la epilepsia es importante destacar que no solo se ha avanzado en el diagnóstico de la enfermedad, sino también en los tratamientos. La incorporación de nuevos fármacos, que son mejor tolerados por los pacientes, también favorece el desarrollo de una buena calidad de vida”, agregó el especialista.

El futuro en este campo recién comienza a emerger. La incorporación de nuevos y modernos fármacos, con novedosos mecanismos de acción en el cerebro, en búsqueda de la medicación ideal, es el objetivo fijado.