Los argentinos prefieren engañar a sus parejas antes que a su club de fútbol

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“El tipo puede cambiar de todo. De cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios. Pero hay una cosa que no puede cambiar. No puede cambiar de pasión”. Esta frase, inmortalizada por el detective Pablo Sandoval (Guillermo Francella) en El Secreto de sus Ojos fue corroborada una vez más.

En la película, Sandoval aludía al asesino Isidoro Gómez y a su amor por Racing, pista que terminó siendo clave para encontrar al sospechoso en un encuentro que disputaron “La Academia” y Huracán en el estadio del “Globo” de Parque Patricios. Ahora fue una encuesta realizada por una red sociales para infieles el que ratificó esta inquebrantable teoría y concluyó que los argentinos prefieren engañar a sus parejas antes que a su club de fútbol.

El 87% de los los miembros encuestados por Ashley Madison aseguró que no cambiaría a su equipo de fútbol por nada en el mundo. Para estos “tramposos” en los colores reside una lealtad incorruptible. “Es muy difícil que un argentino traicione a su equipo de fútbol porque es algo que lo pondría en ridículo frente a sus compañeros. Sin embargo, esto no pasa cuando se trata de engañar a sus parejas porque creen que esto no los pondría incómodos frente a su comunidad”, analizó Víctor Hermosillo, director de Comunicaciones del sitio para infieles.

El compromiso con la camiseta es total. Es que los fanáticos del fútbol ni siquiera serían capaces de utilizar un evento deportivo como excusa para encontrarse con una amante, según indicó el 75% de los usuarios encuestados. Cuando un infiel dice que va a la cancha hay que creerle.

El informe reveló otros datos llamativos. Por ejemplo, Boca es el club que tiene a los hinchas más infieles (48%), seguido por River, San Lorenzo, Belgrano, Vélez, Independiente y Rosario Central.

Infieles seriales

Recientemente, investigadores de la University College de Londres ratificaron que quienes fueron infieles alguna vez tienen más posibilidades de caer nuevamente en la trampa que aquellas personas que nunca lo hicieron.

¿A qué se debe el fenómeno? La respuesta está en el cerebro. De acuerdo al psicólogo Neil Garrett, autor del estudio publicado en Nature Neuroscience, “el cerebro se adapta a la deshonestidad”.

La amígdala cerebral o cuerpo amigdaliano arroja distintas emociones a cada acción de la persona. Por caso, cada vez que alguien miente reporta vergüenza o culpa. No obstante, la reacción disminuye una vez que el individuo se repite en la conducta. Por ende, el remordimiento desciende en forma gradual ante cada engaño.

IB