¿Qué limita el desarrollo de cigarrillos electrónicos en la Argentina?

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Desde su aparición, alrededor del año 2004, el cigarrillo electrónico ha experimentado diversas etapas. Si bien fue creado con el objetivo de que las personas dejen de fumar, ha recibido críticas respecto de las condiciones de seguridad y de los potenciales daños a la salud, hasta el momento desconocidos. De acuerdo al Dr. Jorge Dib Mor Dale, Director del del Departamento de Cardiología no Intervencionista de la Fundación Santa Fe de Bogotá, “uno de los principales problemas que el dispositivo tuvo en este aspecto fue la competencia de productos que lo imitaban, pero que no tenían las mismas condiciones de seguridad ni control de fabricación”. El especialista destaca, entonces, la importancia de que el dispositivo se encuentre disponible en forma legal. Así, se pueden realizar los controles pertinentes y asegurar a los usuarios que el producto que compran o consumen es seguro para su salud.

El líquido que el cigarrillo electrónico necesita para funcionar estar compuesto por una serie de sustancias controladas para que sea efectivo. “Contiene nicotina, glicerol o glicerina natural, formaldehído, propilenglicol y el aroma o el sabor”, según explica el Dr. Mor. Puntualiza, también, en la necesidad de que este tipo de dispositivos sea controlado -para lo cual debe estar regulado y bajo la supervisión de un organismo de control oficial-. De ese modo, los usuarios del cigarrillo electrónico pueden tener la certeza de que el producto que consumen, ese vapor que inhalan, es seguro y no les producirá daños en el organismo a futuro.

En este sentido, entonces, el especialista detalla los aspectos a tener en cuenta respecto de la seguridad de los cigarrillos electrónicos. En principio, la batería debe tener un control de calidad estricto, dado que está hecha de litio -como las de los celulares u otros dispositivos- y si no está fabricada en forma correcta puede recalentarse y explotar. Luego, en referencia al líquido que estos cigarrillos utilizan, se debe controlar la cantidad precisa de cada sustancia presente en él. Si bien los niveles de nicotina se pueden regular, el resto de los componentes deben estar en cantidades exactas. El especialista señala que el formaldehído y el propilenglicol son elementos que, en porcentajes mayores a los adecuados, pueden ser perjudiciales para la salud. “Estos líquidos bien hechos contienen solamente un 5% de la dosis autorizada de estas sustancias, pero si no se tiene control sobre ellos puede que algunos productos no cumplan con esa norma”, explica el Dr. Mor.

En Argentina, este dispositivo no se encuentra bajo la regulación de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT). A través de la disposición 3226/2011, el organismo prohíbe la “importación, distribución, comercialización y la publicidad o cualquier modalidad de promoción del sistema electrónico de administración de nicotina denominado “Cigarrillo Electrónico”, extendiéndose dicha prohibición a todo tipo de accesorio para dicho sistema o dispositivo, como asimismo a cartuchos conteniendo nicotina”.

El especialista destaca la importancia de que los ecig se encuentren disponibles en forma legal. “En Colombia, por ejemplo, las personas pueden ir al supermercado y allí encontrar máquinas expendedoras de cigarrillos electrónicos”, señala el Dr. Mor. Así, el control de calidad se puede realizar de manera oficial y les permite a los usuarios tener la certeza de que lo que consumen es efectivamente lo que dicen las especificaciones del producto y que no contiene elementos que resulten perjudiciales para la salud.

En algunos países de Europa, como España por ejemplo, el cigarrillo electrónico está bajo una serie de controles muy estrictos. Allí existe un organismo específico -la Asociación Nacional del Cigarrillo Electrónico (ANCE)- que se dedica a ayudar a las empresas y profesionales del sector de cigarrillo electrónico y, al mismo tiempo, intenta favorecer a los consumidores de este producto. Recientemente, un decreto del mencionado país obliga a que estos dispositivos, al igual que sus líquidos de recarga, incluyan advertencias sanitarias que ocupen al menos un 30% de la cara exterior. La misma regulación específica que los líquidos deben contener un máximo de 20 miligramos de nicotina por mililitro.

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