El PJ acepta el presupuesto de Vidal y explora pacto para el partido

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María Eugenia Vidal se encamina a una segunda victoria sobre el peronismo K: su proyecto de Presupuesto, que contempla gastos por 640 mil millones y un endeudamiento multimillonario, solo despierta resistencias simbólicas.

Un puñado de intendentes y legisladores del dispositivo Unidad Ciudadana, encabezados por Verónica Magario y Fernando Espinoza, y referentes de La Cámpora, hicieron un gesto de rebeldía que en términos numéricos es inocuo.

Vidal le dio instrucciones a Manuel Mosca, el presidente de Diputados, para que la semana que viene se intente aprobar la ley mayor en la Cámara baja para avanzar, luego, al Senado.

Hay una extraña -o no tanto- coincidencia: el Gobierno bonaerense y los intendentes, los legisladores que llegan y los que se van, quieren que el Presupuesto y sus leyes accesorias se aprueben antes del recambio del 10 de diciembre.

Vidal debe negociar, empoderada, con Sergio Massa o con sus legisladores y con los intendentes del PJ que, salvo algunos, no tienen demasiada expectativa en que la pelea les sirva para algo.

La clave es, una vez, la tropa que no renueva y que, como ocurre siempre, suelen ser los más voluntariosos a la hora de levantar la mano.

Hasta acá, el espacio más crítico fue el peronismo K pero que no tiene volumen suficiente para incidir ni, tampoco, capacidad de arrastrar a los demás peronistas a oponerse al texto redactado por el ministro de Economía Hernán Lacunza.

¿Porqué no patalean los intendentes si pierden, por caso, el Fondo de Infraestructura Municipal? Resignación: admiten que, numéricamente, no están en condiciones de forzar una negociación y no hay, tras el 22-O, clima político para hacer anti vidalismo explícito.

“Es una batalla perdida”, dice un operador legislativo que se mueve en línea con los intendentes. La letra chica, nunca escrita, es política y plantea, por un lado, que el presupuesto 2018 es “mejor que los anteriores” y, además, que meterse la disputa dentro del mundo panperonista podría producir o reabrir heridas.

De hecho, en paralelo se empuja la idea de conformar un único bloque que junte a los ultra K con los territoriales, posibilidad que validan los intendentes y tiene el OK de Máximo Kirchner, el jefe de La Cámpora. Julio Pereyra, intendente de Florencio Varela que asume como diputado provincial, es el nombre que los alcaldes proponen como jefe de ese bloque grande.

Eso podría negociarse como parte de un paquete que incluya la pelea en el PJ bonaerense donde Espinoza quiere reelegir y se para, enfrente, Gustavo Menéndez, el intendente de Merlo.

En los territorios empezó a mirarse con reversa que esa disputa levante temperatura y se vuelva inmanejable por lo cual pusieron sobre la mesa una tercera vía, un dúo que podría operar como variable de acuerdo general, y que integrarían Fernando Gray, intendente de Echeverría, y Alberto Descalzo, de Ituzaingó.

“Cristina no va a bendecir a nadie”, repite Menéndez cuando lo consultan los dirigentes que él invita a armar un bloque para desplazar a Espinoza. “Cristina no se va a meter si hay bardo pero le sirve que siga Espinoza”, explica un electo.

La lógica, si es que existe algo parecido cuando el peronismo está roto y perdidoso, apunta a ensayar un acuerdo en todos los frentes para evitar un escándalo que tiene otros actores: ayer, dirigentes de la Linea Dignidad (aliados de Duhalde) pidieron la intervención judicial del PJ bonaerense, expediente que cayó en el juzgado de Juan Manuel Culotta, cuya subrogancia termina en unos días.