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20.08.2017
        
Sin Mordaza
15-05-2017 | OPINION | POR JOSÉ BONACCI

El espíritu del pueblo

Somos un país joven. Doscientos años en la historia del mundo es nada. Lo que fuimos ya no lo somos y aun lo poco puede no ser nada dentro de medio siglo.

Somos una Nación aún más joven, donde todavía se encuentran en tensión dos modelos de ver la realidad y el futuro que durante un siglo no se han conciliado.

La ley. El territorio. Los símbolos y el futuro nos unen. O no.

Gran parte de la continuidad como estado-nación se la debemos a la vigencia -aunque con recaídas- de la idea de la vigencia de un estado de derecho. La constitución podría ser violada… pero allí estaba para recordarnos que ese era nuestro pacto fundador. Un acuerdo que dio nacimiento a la Argentina como estado-nación.

No es perfecta. Pero es mejor que la anarquía.

La ley también allí estaba. Podría romperse, pero siempre existía, aunque sea el temor lejano de ser perseguido por su incumplimiento.

También estaban los jueces que interpretaban la ley y el espíritu del legislador.

El pacto constitucional captaba la voluntad del pueblo y le garantizaba la vigencia de un orden positivo. El orden constitucional podría ser escaso. Por eso en 1949 esa voluntad común se actualizó, conforme la necesidad de un estado moderno y más complejo. En algún lugar de toda esta historia las dos formas de pensar el país se enfrentaron en el territorio del pacto social. 

Los liberales borrando de un plumazo el texto de la norma constitucional y la generación siguiente buscando la revolución que venía a reemplazar al estado burgués y constitucional.

La consecuencia medio siglo después es que la república desapareció. No solos los clásicos se juegan sin hinchada visitante. La política se juega sin hinchada visitante.

Nos gobierna los barrabravas, ya sean del PRO, del FPV o del socialismo.

No hay reglas. No hay instancias superiores. Retornamos a la etapa de los caudillos que gobernaban parcialidades y que ni siquiera reconocen la humanidad del adversario.

De caudillos que dicen representar el “espíritu del pueblo” per se o por ser arúspice de las entrañas de las encuestas. Así las cosas, el gobierno de la nación se basa en la inmediatez o el apetito electoral. Caudillos mediáticos que se guían por el minuto a minuto de la política y no por el verdadero sentido de la existencia del político: fundar el futuro.

Las causas no están en el presente. La reforma constitucional de 1994 selló el camino para la ruina de la república, elevando a la categoría de personas de derecho público no estatal a unos partidos políticos carcomidos ya por la polilla, relativizando la ley argentina a los tratados internacionales, la pulverización del federalismo y el toqueteo obsceno a la justicia. 

Los legisladores de esa época también sancionaron leyes de desnacionalización de la economía, de los derechos de los trabajadores y la ley del 2 x 1.

Barbaridades que deben ser interpretadas por los jueces. 

Hay diferentes formas de interpretar las leyes. Las hay restrictiva, extensivas, garantistas o positivistas. O para la mierda.

En lo personal siempre estuve en contra de la ley del 2 x 1, también del “Proceso de Reorganización Nacional” y sus consecuencias económicas, sociales y políticas, de las guerrillas revolucionarias y de su combate por medios ilícitos.

Si bien el Dr. Raúl Ricardo Alfonsín ayudó a pulverizar el orden constitucional mediante el “Pacto de Olivos”, fue el único que procedió correctamente en relación al juzgamiento de las consecuencias de la guerra civil de baja intensidad que los argentinos sufrimos en la década del ´70.

El acting que vino después comenzó a destruir lo poco que quedaba del estado de derecho. El concepto “juez natural”, “irretroactividad de la ley penal”, esas pavadas que estaban escritas en el Artículo 18 de la Constitución fueron prolijamente ignoradas en los mentados “Juicios por la Verdad”. Cuando el proceso no es justo termina siendo venganza.

Y esa venganza -vamos a decirlo- puede estar basada en la justicia del dolor y del reclamo. Pero allí ya no hay pacto.

Si algún día llegaran a la Corte Suprema los reclamos por esos “juicios por la verdad” seguramente -y aplicando la norma positiva- deberían ser anulados. Cuando lleguen todos los acusados van a estar muertos. Igual que el estado de derecho.

La estación previa fue el 2 x 1 aplicado a un represor. Un fallo que desde el punto de vista estrictamente jurídico estaba ajustado a derecho. Dura lex. Sed Lex. 

No nos gusta el 2 x 1 pero conforme al orden legal debía ser aplicado. La igualdad ante la ley, esa pavada que no queremos respetar para no beneficiar a aquellos que no respetaron nuestra igualdad ante la ley. Venganza.

El gobierno virtual apoyo. Luego dudo. Luego leyó la encuesta y acompaño el rechazo. Cuando me refiero al gobierno me refiero a los tres poderes. Salvo algún loco medio inculto de Salta que se opuso en soledad y una ex fiscal medio loca pero muy culta que oficia de sacerdotisa de la republica pero que no tiene la valentía de acompañar con su mano alzada lo que su boca dice. Es lo que hay.

La constitución. La ley. La Corte. Las Cámaras. El Ejecutivo… todos sustituidos por el “espíritu del pueblo” interpretado por los encuestadores. Ese espíritu del pueblo es una creación del romanticismo nacionalista del siglo XIX. Lindo.

La ley interpretativa de los alcances de una ley ya derogada es la consecuencia directa de ese espíritu volcado a los medios de comunicación y la calle. Todo parece perfectamente “democrático” … pero no es “republicano”. Es la aceptación del “espíritu del pueblo” como fuente del derecho.

No es un invento argentino. Hegel (que no era el stop per de Alemania campeón), el padre de todos los absolutismos modernos lo definió como  “Volksgeist”.

El nazismo lo utilizó como fuente de derecho. Eso sí: el pueblo eran ellos.

La pregunta: ¿hoy los argentinos somos el pueblo o existen grupos que subrogan ese papel por nosotros? 

 

Por José Bonacci

 

Fuente: Sin Mordaza
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