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21-04-2017 | INTERNACIONALES | TRAS CONFISCACIóN DE UNA PLANTA

General Motors decide abandonar Venezuela

Funcionarios militares y judiciales confiscaron la fábrica, los autos y demás activos de la filial local.      

CARACAS.- La acelerada radicalización del gobierno chavista se llevó puesta la filial local de la automotriz norteamericana General Motors, que en medio de las protestas y la represión de esta semana debió cerrar sus operaciones en el país, luego de un sorpresivo copamiento de su planta de producción y la confiscación de todos los activos, incluyendo los autos.

Cientos de trabajadores desesperados por información sobre su empleo se reunieron ayer en la planta para encontrarse con funcionarios militares y del gobierno, así como con representantes de la concesionaria, que presentaron una demanda ante la justicia.

"General Motors Venezolana (GMV), líder del mercado durante 35 años consecutivos, se ve forzada a cancelar sus operaciones en Venezuela debido a la confiscación judicial ilegal de sus activos", señaló la compañía en un comunicado.

"La planta de GMV fue inesperadamente tomada por las autoridades públicas, impidiendo las operaciones normales, además de que otros activos de la compañía, como vehículos, fueron retirados ilegalmente de sus instalaciones", agregó.

La confiscación fue llevada a cabo, según precisó la empresa, "ignorando totalmente el derecho de GMV a un juicio justo, causando un daño irreparable a la compañía, sus 2678 trabajadores, sus 79 distribuidores y sus proveedores".

"GMV rechaza contundentemente las medidas arbitrarias tomadas por las autoridades y emprenderá vigorosas acciones legales, dentro y fuera de Venezuela, para defender sus derechos", subrayó.

El comunicado oficial agrega que los concesionarios de GM continuarán prestando servicio a los vehículos en circulación y proporcionando piezas mecánicas en caso de requerir repuestos.

La industria automotriz venezolana ha estado en caída libre, afectada por la falta de materias primas derivadas de controles monetarios complejos.

Con la producción local estancada, muchas plantas apenas están produciendo, en una muestra de la situación general de la producción industrial del país, devastada por años de confiscaciones, intervenciones y cepos cambiarios.

Pese a ese panorama sombrío, muchas automotrices decidieron quedarse y evitar el drástico cierre de operaciones para evitar perder participación en el mercado, en caso de que la economía mejore drásticamente o un gobierno más amigable al comercio acceda al poder.

Dos años atrás, el gobierno de Nicolás Maduro anunció la adquisición "temporal" de dos plantas pertenecientes a la fabricante de productos de limpieza Clorox Co., que había abandonado el país.

En mayo pasado, el fabricante de neumáticos Bridgestone vendió su negocio en Venezuela luego de seis décadas de operar en el mercado local. Dos meses después, el chavismo tomó control de una fábrica de Kimberly-Clark luego de que la empresa de productos de higiene denunció que la falta de materiales en el país le hacía imposible la fabricación de sus productos.

Maduro acusó a Kimberly-Clark de participar en una conspiración internacional para dañar la economía de Venezuela, la llamada "guerra económica". Según el chavismo, gobiernos enemigos y firmas extranjeras, así como grandes empresarios locales, libran una guerra contra el régimen para revertir el modelo socialista que impuso Hugo Chávez y continuó su sucesor.

Otras multinacionales, como Halliburton, Ford Motors y Procter & Gamble, retrasaron o abandonaron sus inversiones en el país. Más de 25 empresas están peleando con Venezuela ante un panel de arbitraje patrocinado por el Banco Mundial por los decomisos de bienes.

Fuente: SM - La Nación
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