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27.03.2017
        
Sin Mordaza
20-03-2017 | TURISMO Y EVENTOS | VIEJO CONTINENTE

Amsterdam al ritmo de sus bicicletas

Entre puentes, canales y parques, un recorrido sobre dos ruedas con paradas en doce de los puntos más emblemáticos de la ciudad.

Llovizna, refresca, llueve, sale el sol. Luz roja, luz verde, peatones, tranvías. Se cruzan puentes y parques, se recorren mercados y canales. La mirada encuentra iglesias y flores, el manubrio encara museos y cafés. En Amsterdam, las horas vuelan sobre las ruedas silenciosas, a pulmón y con autonomía, en forma económica y pensando en la ecología. En Amsterdam la vida transcurre en bicicleta.

Según la Oficina de Turismo de la capital de Holanda, la ciudad tiene 799.400 habitantes y 881.000 bicicletas. Con 400 km de ciclovías, semáforos y la costumbre de dejarlas encadenadas a cualquier poste, reja, árbol o farol que aparezca al llegar a destino, Amsterdam promueve que los visitantes también se sumen a este medio de transporte.

Después de dos días pedaleando entre miles de personas, se entrenan los reflejos y la toma de decisiones, se aprende a ser amable y a estar atenta, se frena seguido para poner los pies en la tierra. Desorientarse está permitido y se resuelve andando. Se razona en movimiento. Y se renueva por otro día el alquiler de la bici.

1. El corazón del centro histórico

¿Se podrá estacionar en la Plaza Dam? La ansiedad deja de hacer preguntas que se responden solas más adelante. El semáforo de la calle Rokin tiene luz verde y el río de ciclistas amenaza con arrastrar al que se demore. A pedalear. Se deja atrás el paseo de terror The Amsterdam Dungeon y, en menos de cinco minutos, se arriba al Museo de cera Madame Tussaud, frente a la plaza buscada.

El corazón del centro histórico es una cuadrícula seca, cubierta de adoquines, con bancos de piedra sin respaldo. En el siglo XIII se construyó en este lugar el primer Dam (dique, en holandés) sobre el río Amstel.

La bicicleta queda atada a un poste de luz, para empezar a caminar desde el punto de reunión y protesta de los locales. Algunos turistas se sacan selfies y otros arrastran valijas sin sospechar que está por pasar el tranvía; las palomas buscan migas entre banderas y pancartas en defensa del Estado de Palestina; una rubia de unos 20 años luce un bodypainting en topless.

Lo único verde en Dam es la cúpula del Palacio Real. Por el tamaño (abarcable con la mirada) y la ubicación (en el casco antiguo, el edificio parece un Ayuntamiento y, en realidad, se levantó como tal a mediados del siglo XVII sobre más de 13.500 pilares de madera para contrarrestar el suelo arenoso. Entonces, Amsterdam era una de las ciudades comerciales más importantes del mundo. El "Koninklijk Paleis" es uno de los palacios utilizados por la familia real para visitas de estado, ceremonias de entrega de premios y otras recepciones oficiales. Cuando ellos no lo usan, el edificio queda abierto al público.

Enfrente, el obelisco de 22 metros del Monumento Nacional conmemora a los caídos holandeses durante la Segunda Guerra Mundial y recuerda la ocupación nazi. Un muro tiene urnas con tierra de las provincias neerlandesas y de viejas colonias.

2. Con aires reales

Al lado del Palacio Real, en la Nieuwe Kerk (iglesia nueva) son coronados los monarcas, como la reina Beatriz en 1980 y los reyes Guillermo Alejandro y Máxima Zorreguieta en 2013. Aquí también se había celebrado su boda en 2002.

A pesar del nombre, la iglesia nueva data del siglo XIV, cuando la Oude Kerk (iglesia vieja)no alcanzaba para toda la población. Destruida por tres incendios, quedan los muros y las columnas del siglo XVI, y se destacan el órgano, el púlpito tallado y los vitrales. En esta mañana luminosa brilan los números dorados del reloj solar y sus famosas exposiciones atraen a cientos de miles de visitantes por año.

La zona oeste de la ciudad medieval se conocía como la Nieuwe Zijde (zona nueva) y junto con la Oude Zijde (zona vieja) formaban el núcleo del asentamiento marítimo y la ajetreada calle comercial Nieuwendijk fue una de las primeras defensas. Amsterdam se expandió hacia el este, dejando grandes superficies del oeste abandonadas. Los incendios acentuaron el declive y la mayoría de las casas de madera se quemó en 1452. Durante la reconstrucción se abrió un ancho foso, el Singel, a cuyos lados se levantaron almacenes, las casas de mercaderes acaudalados y varios muelles. Cerca se encuentra Kalverstraat (lleva el nombre del mercado de ganado que había en el siglo XV) y, por la cantidad de comercios, suele ser comparada con la Oxford Street de Londres.

En sus alrededores, los callejones y pasajes siguen el curso de algunos de los primeros diques y caminos. Esto se aprecia en el Museo Histórico de Amsterdam, un convento y orfanato reformado del siglo XVI.

3. El laberinto medieval

Tientan los puestos de comida al paso y resulta práctico comprar una bandeja descartable de bacalao frito con salsa tártara. Se va saboreando la comida, tratando de mantenerse lo más indiferente posible al bombardeo de ofertas de las vidrieras de Kalverstraat y de Damrak. Las compras quedan para otro día porque podrían consumir toda la tarde.

El objetivo inmediato es seguir en bici hasta el distrito Oude Zijde, con la Estación Central, la calle Zeedijk, la plaza Nieuwmarkt y las murallas medievales como referencia, tratando de imaginar cuando el terreno pantanoso sufría las crecidas del río. Al llegar a la puerta de la Oude Kerk se comparte un farol con otras dos bicicletas. Empieza a lloviznar.

De 1250, la construcción más antigua de Amsterdam está en el Barrio Rojo y es una iglesia. La ubicación resultaba cómoda para quienes podían confesar sus pecados a los pocos minutos de haber contratado a alguna de las mujeres que trabajaban en los locales de estas calles.

La Oude Kerk fue restaurada y ampliada en múltiples ocasiones a lo largo de los siglos y, al contemplar su fachada se observa la mezcla de estilos arquitectónicos de diferentes períodos. Se conserva el techo abovedado medieval de madera, el más grande en su tipo de Europa. También para prestar atención: los vitrales de la capilla, el órgano del siglo XVIII y el suelo desparejo y cubierto por 2.500 lápidas (como la de Saskia, esposa de Rembrandt). Sobre la puerta roja que da a la antigua sacristía, una inscripción en latín se traduce como "Cásese con prisa, arrepiéntase con tiempo".

Al salir del templo, la lluvia obliga a comprar una capa de nylon, ideal para andar en bicicleta sin mojarse la ropa ni la mochila.

4. Triple X

Brilla el bronce de la estatua Belle, una trabajadora sexual, enfrente de la iglesia vieja. A la derecha o a la izquierda, los pasajes de baldosas húmedas del BarrioRojo son similares y se unen en forma de red, exhibiendo unas 300 cabinas de no más de tres metros de ancho. Sobre los ventanales de vidrio, los tubos rojos de neón y las cortinas abiertas indican si las mujeres que trabajan adentro de esos cubículos están sin clientes. Como si fueran vidrieras, se muestran en ropa interior, con los ojos casi siempre congelados en sus celulares.

A toda hora están abiertos los sexshops, las salas de video, los bares de striptease y las tiendas de souvenires de tono subido. Además de la iglesia, hay una guardería y varias oficinas en pleno Barrio Rojo, a pocos pasos del centro de información (entre otras cosas, se lucha contra la prostitución forzada y la trata de personas). Las mujeres tienen su sindicato y lo primero que se les advierte a los turistas es que está terminantemente prohibido sacarles fotos.

Para los distraídos:las tres X negras sobre fondo rojo que aparecen en banderas y monumentos por toda la ciudad pertenecen al escudo de armas de Amsterdam. Por supuesto, la coincidencia con el símbolo de "sólo para adultos" fue ampliamente explotada en el Barrio Rojo.

5. Por la "Venecia del Norte"

Así le dicen a esta ciudad por sus 165 canales y 1.200 puentes. El dato sirve como excusa para descansar el cuerpo y cambiar de medio de transporte. Entonces, la bici queda atada a una baranda frente a la Estación Central y se llega a pie hasta uno de los tantos puntos de salida de los cruceros turísticos para disfrutar otra perspectiva y apreciar la arquitectura desde las aguas. Por ejemplo, por primera vez, la mirada está a la altura de los amsterdameses que viven en las 2.500 casas-barco, flotando en los canales (algunos brindan alojamiento). Y las casas se ven más altas y angostas que de costumbre, inclinadas, con ganchos cerca del techo para subir con sogas las compras grandes y los muebles en las mudanzas y entrar todo por las ventanas.

Por ser motor económico y cultural de Amsterdam desde el siglo XVII, los canales fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Quizá sea el momento de entender la lógica de los anillos concéntricos, después de tantas horas sintiendo la ciudad plana debajo de las dos ruedas de la bicicleta, y ondulante en los puentes que se cruzan con esfuerzo y confunden a los ciclistas porque son todos parecidos.

"Si decimos Grachtengordel hay que pensar en un cinturón de canales del siglo XVII que abarca los tres principales: Herengracht, Keizersgracht y Prinsengracht. Cuando estuvieron terminados, los mercaderes se mudaron a sus márgenes y construyeron mansiones elegantes con jardines internos. Keizersgracht (Canal del Emperador) continúa más allá del río Amstel, es de 1612, mide 4 km y se erigió en homenaje al rey Maximiliano I de Austria", cuenta la guía del barco. "En cambio, Prinsengracht (Canal del Príncipe) es el más acogedor", decide.

Una vez que termina el paseo embarcado, dan ganas de recorrer en bicicleta esta zona para ir a la Iglesia del Norte y el mercado callejero (quesos, frutas, ropa usada) que funciona los fines de semana. Sobre el canal, en un edificio de 1642, Papeneiland es uno de los típicos "cafés marrones". Se llaman así por sus ambientes oscuros y de madera, con paredes y techos manchados de nicotina.

6. La casa-estudio del Siglo de Oro

¿Dónde pintó y grabó Rembrandt sus obras maestras? ¿Cómo era su vida en Amsterdam? Muchas respuestas en torno al gran artista holandés se encuentran en el MuseoCasa de Rembrandt, donde vivió y trabajó entre 1639 y 1658. En Jodenbreestraat 4 queda la vivienda que Rembrandt van Rijn compró en 1639, cuando estaba en la cima de su fama. Abierta al público en 1911, la casona tiene los ambientes restaurados y amueblados con artículos y arte de la época del maestro, uno de los mayores exponentes del Siglo de Oro neerlandés. Sobre la base de un inventario de 1656 (como se declaró en bancarrota, sus objetos de valor fueron anotados en una lista y subastados), todo está meticulosamente redecorado con obras y muebles como los que él tenía.

Recorrer el taller, la gran cocina, el cuarto donde se destaca la cama corta con puertas y su estudio (caballetes, pinceles, colores), siempre subiendo una escalera de madera, es como viajar al siglo XVII. Además, el museo exhibe 250 grabados de Rembrandt, así como pinturas de sus predecesores y discípulos. Todos los visitantes toman fotos de su autorretrato.

Si se pedalea hacia el sudoeste hasta Rembrandtplein se llega a una plaza con la escultura de hierro del artista, que se ha convertido en un animado centro nocturno lleno de hoteles, restaurantes y cafés. No es mala idea terminar la jornada en esta zona para comenzar, al día siguiente, en el distrito Jordaan para explorar sus callejuela y bajar por Prinsengracht.

7. El refugio de Ana

La mirada va buscando el número número 263 sobre Prinsengracht y, como lo intuye de lejos al ver una fila de cientos de personas, los pies frenan los pedales. Sentados en la vereda, charlando o leyendo, a todos los une la expectativa. Dicen que la espera se reduce al acercarse la noche y si se compra la entrada online.

Conocer Amsterdam al ritmo de sus bicicletas
Siempre hay cola para entrar en la Casa de Ana Frank Amsterdam

La Casa de Ana Frank recibe a más de un millón de visitantes por año, atraídos por la historia de Ana, su padre Otto, su madre Edith y su hermana Margot, que permanecieron escondidos con otros cuatro amigos de la familia por más de dos años, durante la ocupación nazi. Vivieron con las cortinas cerradas en las plantas superiores de la parte de atrás del edificio, donde Otto tenía su empresa. Sólo él sobrevivió a la guerra, publicó el diario de Ana y convirtió el refugio en museo hacia 1960.

Conocer Amsterdam al ritmo de sus bicicletas
Ingreso al refugio secreto de Ana Frank.

Quienes leyeron el diario de la adolescente judía, traducido a más de 70 idiomas, no pueden pronunciar una sola palabra al ingresar a esta casa. Se respira todavía una atmósfera de clandestinidad, duelen los recortes de revistas que ella pegó en las paredes de la habitación y da escalofríos la biblioteca de madera que ocultaba el pasadizo hacia el refugio. También está el diario original a cuadros rojos y blancos, que le regalaron los padres al cumplir los 13 años. El museo se recorre en silencio, como vivieron ellos.

Algunas frases de Ana quedaron inmortalizadas: "Algún día esta horrible guerra habrá terminado, algún día volveremos a ser personas y no solamente judíos".

"Montar en bicicleta, bailar, silbar, mirar el mundo, sentirme joven, saber que soy libre, eso es lo que anhelo", escribió en 1943 y aún resuenan sus palabras, con una voz de Ana imaginaria, mientras se pedalea a toda velocidad. El sol asoma con fuerza.

8. Las calles vintage

Adoquinadas, De 9 Straatjes (las 9 calles) conectan los canales principales, entre Leidsegracht y Raadhuis-straat y bastante cerca de la Plaza Dam. La historia de esta zona se remonta a la primera mitad del siglo XVII, cuando Heren, Keizers y Prinsengracht eran excavados alrededor del núcleo medieval para adaptarse a la nueva burguesía de Amsterdam.

Además de restaurantes y cafés, los nombres aluden a los artesanos que ejercían acá su actividad. Por ejemplo, calle de las Pieles, los Osos o los Lobos hablan de un pasado en el que se comerciaban pieles de animales. En la actualidad albergan tiendas vintage, de diseño, mobiliario retro y prendas de segunda mano.

Viene un olor dulzón de alguno de los famosos coffeeshops, locales habilitados para consumir cannabis o hachís. En la misma sintonía, la ciudad tiene un Museo de la Marihuana.

9. Entre tulipanes brillantes

La bicicleta se olvida por un rato, encadenada al hierro de un puente del canal Singel. Junto a Munttoren, la torre que formaba parte de una puerta de la muralla, empieza el Mercado de las Flores, el único flotante en su rubro y que se mantiene desde 1862.

Semillas, ramos de flores, plantas y bonsai ofrecen los vendedores que viven en los barcos, continuando una tradición de varios siglos, cuando los dueños de viveros subían por el río Amstel y atracaban sus naves para vender flores y plantas. Se destacan los puestos de tulipanes amarillos, anaranjados, rojos y violetas, tan emblemáticos como los zuecos, los quesos o los molinos de viento en tierras de la Casa de Orange-Nassau. En abril y mayo se pueden visitar los campos en flor, a una hora de Amsterdam.

10. El puente más famoso

Rumbo al ocaso en el Magere Brug, el puente angosto que señalan todos los mapas y recomiendan guías y apps de turismo.

El puente levadizo original fue construido en 1670 y, aunque el actual es de 1969, mantiene la doble estructura móvil.

11. El barrio de los museos

Se podría pasar mil veces por abajo de las arcadas del Rijksmuseum sin cansarse del paisaje. El castillo donde funciona el museo de arte resguarda su joya más valiosa:"La ronda de noche", de Rembrandt.

Los jardines con las icónicas letras "I amsterdam" (juego de palabras en inglés: "yo soy Amsterdam") conectan con el Museo Van Gogh. Imprescindible, cuenta con las obras más importantes. La tienda de recuerdos hierve de turistas comprando llaveros con forma de oreja, remeras de "El dormitorio" y estuches para anteojos forrados de girasoles.

12. Pedalear en el verde

Globos y banderines cuelgan de un árbol en Vondelpark, porque un grupo de amigos de la facultad festeja un cumpleaños.

En el gran pulmón verde lleno de sol, la gente corre, hace picnic, lee. Y pedalea, claro. Todos llevan la espalda erguida y una sonrisa. ¿Por qué actúan como si no les pesaran las mochilas que llevan? ¿Cuál será el secreto de la distensión? ¿Cómo será vivir en bicicleta?

ATENCIÓN

Claves para moverse en bici

Las bicicletas componen más de la mitad del tránsito, con sol, lluvia o nieve.
Para acortar las distancias y apreciar los canales y puentes sin quedar exhausto al final del día, lo mejor es recorrer la ciudad en bicicleta. Como hay miles en todas partes, conviene atarle una cinta al manubrio o algo que la distinga y anotar el lugar exacto donde la dejamos porque después será difícil recordar dónde quedó y nos parecerán todas iguales.
El carril para bicicletas está en el lado derecho de la calle, marcado con una línea blanca y con el símbolo de las dos ruedas.
Al girar, se avisa extendiendo el brazo en la dirección correcta. Si el giro es a la izquierda, hay que ceder el paso al tránsito -detrás o adelante- que sigue recto.
Cruzar las vías del tranvía en forma perpendicular para no meter las ruedas y perder el control.
Las bicicletas llevan dos tipos de candados. Amsterdam es segura pero se roban muchas bicicletas por año. Por eso, es mejor dejarla atada y, si queda en la calle toda la noche, basta con encadenarla bien a los hierros del estacionamiento, la baranda de un puente o un poste y no habrá problemas.
El primer candado se ata a un objeto firme y el segundo traba las ruedas entre sí.
No estacionar la bici donde no hay otras y evitar las salidas de emergencia y los comercios con carteles de prohibición.
En las peatonales o calles concurridas, ir caminando con la bici.
El metro y el tren tienen vagones especiales y ascensores en las estaciones. La bicicleta se paga aparte, pero vale la pena andar por los campos en las afueras, entre diques y molinos de viento.
Conocer Amsterdam al ritmo de sus bicicletas
El Barrio de los Museos, Amsterdam, Holanda (DP/Viajes)

MINIGUÍA

Cómo llegar. El pasaje (ida y vuelta) por KLM, directo a Ámsterdam cuesta desde US$ 1.400 con impuestos (www.klm.com.ar).

Dónde alojarse. La habitación doble con desayuno en el Rokin Hotel (3 estrellas), desde $ 2.600. En NH Collection Grand Hotel Krasnapolsky (5 estrellas), con desayuno para 2 personas, $ 6.500.

Conocer Amsterdam al ritmo de sus bicicletas
El Magere Brug o puente angosto, Amsterdam, Holanda (DP/Viajes)

Cuánto cuesta. Para alquilar bicicletas hay decenas de oficinas. En A-Bike, 2 horas salen 8 euros; 24 horas, 14,94 euros. Si se agrega un día extra, 9,95 euros. Se recomienda contratar un seguro por 3,50 euros más. Hay que dejar un carnet de conducir o documento de identidad. En general, los tours guiados son bastante más caros, duran pocas horas y no suelen ser en español.

Moneda. Es el euro, que equivale a $ 16,70.

Dónde informarse

www.iamsterdam.com/es

 

Fuente: SM
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