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17.08.2017
        
Sin Mordaza
20-03-2017 | ESPECTACULOS | RODOLFO RANNI

"No creo la edad que tengo"

En octubre cumplirá 80. Creció viendo flotar cadáveres en el mar y hoy elige la paz del campo para vivir. Retrato de un tano que no se calla nada.

Cuida gallinas y maneja un tractor. Ya crió ovejas y chanchos y plantó más de 100 árboles, entre eucaliptos, fresnos y álamos. “Soy un campesino de alma. Me refugio en mi campo. Así está la gente por correr y creer que la vida es otra cosa”, dice Rodolfo Ranni, el que hace 25 años se convertía en el primer marido homosexual de la televisión argentina.

-“Creen que la vida es otra cosa”. ¿Y vos qué creés que es?

-En este momento te hablo y pienso en que tengo que darle de comer a las gallinas. Andan todos con el celular y el Whatsapp. Pi-pi-pi, suena esa cosa todo el día. La gente ya no me mira a los ojos. Soy cero tecnología. Aprendí a leer los mensajes, pero no a escribir. Yo les prohibo a mis hijas comer con el celular en la mesa, porque es como un arma. Como si pusieran un calibre 45 sobre la mesa.

Transita dos aniversarios “redondos”. En octubre cumplirá 80 años y, en diciembre, 70 desde aquel descenso de un barco en el que permaneció 35 días. Celebra lo que pocos: remontar una vida que comenzó mirando cadáveres flotando en el mar. Jugaba entre bombardeos y cuerpos abandonados de la Segunda Guerra Mundial, hasta que a sus diez años la familia terminó huyendo del Mariscal Tito y se asentó en Charcas y San Martín.

Chispazos biográficos indican que sufre piel de pollo cuando escucha a Tony Bennett, que sus tucos demandan seis horas de preparación y que al enojarse prefiere maldecir en italiano, acompañando potentes adjetivos al “Madonna mía”. Tocaba el acordeón y la ocarina y fue definido por su compañero Gerardo Romano como “el mejor puteador de la nación”. Tardó 50 años en regresar a la ciudad de Pola y cuando llegó, tuvo un ataque de llanto y se fue enseguida:“Yo había sido dos pibes a la vez, el italiano y el que llegó a este país. Junté las dos partes y listo. Eso ya no era más mío”, cuenta toreando al nudo. “Hijo de la Guerra, juegos belicosos. Me acostumbré y fui feliz como deben ser los chicos de Afganistán. Uno de niño no intelectualiza”.

No quiere develar la zona bonaerense en la que vive. Tal vez sea esa manía por desdibujarse de los medios cuando no actúa. Hace unos años sufrió una inundación en sus campos y los apuntes de su vida fueron a parar a un arroyo. “Es difícil reconstruir lo que escribía en los setenta, pero está bien que las cosas se vayan. Tenía que ser así. No guardo críticas, ni fotos mías. No tengo ni las películas que hice. Hay que tener filtro con el pasado. Porque todo es pasado: hace un rato era un día soleado y ya se nubló. En diez minutos ésta charla será pasado. El futuro no existe”.

Cuenta que quedó marcado por el libro El extranjero, de Albert Camus. Reivindica la pluma de Arlt. Vivió en España. Tiene cuatro hijas, pero prefiere decir que son siete hijos, “entre los tuyos, los míos, los nuestros” tras un segundo matrimonio. En ese recuento de retoños también incluye siete nietos. Todavía sostiene lo que en los noventa: que su barriga cambió “los parámetros de seducción televisiva”.

-¿Imaginás cómo será tu vida sin actuar?

-No, voy a trabajar hasta que me muera. Pero yo siempre estoy lejos de la actuación.

-¿Lejos?

- En el sentido de que sólo me conecto cuando estoy arriba del escenario. Después, estoy en el campo mirando a los patos. Rajo antes que el público salga de la función. Es mi manera. Laburo arriba del escenario y chau. Mi prensa es no tener prensa.

-Los archivos de 1982 hablaban de “el rostro imprescindible del cine y la TV”... Prensa por todos lados. ¿Sufriste épocas difíciles por esa decisión de no querer tanta prensa?

-No sufrí malas épocas. Hice grandes trabajos y tal vez otros que no me gustaban, pero si me pagaban bien me empezaban a gustar un poco. Hambre, lo que se dice hambre, no sufrí ni en la guerra. Pasé privaciones, pero más acá en la Argentina que durante la guerra allá.

-Decías que nunca soñaste con el hijo varón. Que siempre imaginaste criar a mujeres. Tal vez tengamos una imagen equivocada, un personaje un poco machista que no condice con la ternura con la que hablás de tus chicas...

-Cero machista. Mi machismo sólo pasa por el humor. Estamos viviendo un cambio en ese aspecto y la mujer está ocupando el lugar que le corresponde en el mundo. Seguro que eso le molesta a muchos, hay mucho boludo en el mundo. Pero no tengo analizada la cuestión. Recordá que nací en época del patriarcado, tal vez mi evolución de esa idea tuvo que ver con el teatro, con haber estudiado y leído.

-Este año cumplís 80. ¿Qué te genera cumplir y qué hablar de la edad?

-No me genera nada, porque no creo la edad que tengo. A ninguna edad tuve crisis. Ya está. Cuando no esté más, alguno me llorará, pero no es un tema que me importe. Los demás dirán de mí lo que tengan que decir. Supongo que soy un buen tipo y no todo el mundo me cae bien. Y tampoco soy monedita de oro, así que a no todo el mundo le caigo bien.

-¿La fama de cascarrabias es puro mito?

-Puede que sea medio chinchudo, pero confunden vergonzoso con tipo de mal carácter. Cuando yo estudio el ambiente recién me suelto. Yla gente confunde. Tal vez esa sea una forma de defenderme de lo exterior.

-¿Tenés muchos amigos?

-Buenos. No muchos. No los tengo contabilizados. Ocho, tal vez, de fierro. Detesto que en nuestro ambiente se diga: “Amiguito, ¿cómo estás?”. ¿Qué? ¡Si yo no soy tu amigo! La palabra amigo está bastardeada mucho en este medio.

-¿Entonces no tenés amigos en el medio?

-Poquísimos. Pero no te voy a dar la lista. ¿Sabés qué pasa? Los actores no somos marcianos. La verdad: yo me hice actor para ganar guita. Pero me equivoqué.

-¿Te equivocaste?

-No gané tanta. Yo no tenía el fuego sagrado. A muchos actores les gusta hacerse como que son de otro planeta. ¡Flaco, sé de otro planeta en el escenario! En la calle tenés que ser uno más. La otra vez, en una carnicería, dos señoras comentaban en la fila:“Es Ranni”. La otra contesta: “¿Qué va a ser Ranni, así vestido?”. Y me miraba como con sensación de asco. No voy a ir de smoking. Y no soporto a los actores que se la dan de marcianos.

Fuente: SM - Clarín
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