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28.05.2017
        
Sin Mordaza
14-03-2017 | MARÍA HERMINIA GRANDE | OPINIÓN

Un gobierno sin cintura política

Se cumplieron cuatro años del momento en que el ciudadano argentino Jorge Bergoglio se transformó en el Papa Francisco. 

Durante estos años de papado su figura como líder espiritual mundial ganó el respeto de propios y extraños. Su revolución inconclusa lleva a que muchos lo deseen lejos de este papado. Como no podía ser de otra forma la mayor incomprensión sobre su apostolado surge desde su patria. A los argentinos nos cuesta respetar las trascendencias. Esperemos que como anunció la colega Silvia Mercado el próximo año para esta fecha estemos preparando con regocijo su visita pastoral. Queda claro en estos años que su misión para con Argentina fue la de apuntalar la calidad institucional, el sostenimiento democrático y bregar por aquello por lo cual trascendió en Aparecida, cuando el entonces arzobispo de Buenos Aires dijo “los gobiernos esconden a los pobres debajo de la alfombra”. Dado los últimos indicadores del Observatorio de la Deuda Social de la UCA la “alfombra” bajo la cual se esconde la pobreza e indigencia en Argentina, cada vez es más grande. 

Días atrás analizaba que en el páramo en el que se desarrolla la política en nuestro país, ganará seguidores quien logre encontrar la intersección entre las paralelas en las que hoy se encuentra Argentina.  Y se trata de política. Recuerdo que otro Papa, el polaco Wojtyła  hace muchos años atrás dijo que la política está  para cambiar lo que le duele a las sociedades. El panorama que hoy se observa es el de un gobierno abrasado a 22 ministros sin capacidades políticas manifiestas. Esta aseveración que suena temeraria, se fundamenta en que el propio presidente Macri definió como sus hombres de confianza, sus ojos y oídos a una trilogía encarnada por Lopetegui, Peña y Quintana. Extrañamente el ministro con  entendimiento y cintura política, Rogelio Frigerio, no integra la trilogía. Lo económico se diluye en seis ministerios, pero las decisiones finales las toman Sturzenegger y el propio Presidente, no los ministros nombrados. Suena raro. Las políticas que calan en la gente son las que se pueden explicar. En octubre del año pasado el ex ministro de Economía Roberto Lavagna le advirtió amablemente al gobierno  sobre los problemas que veía: endeudamiento, desaliento cambiario, no generación de empleo. Aquella posibilidad de ajustar el rumbo a través de la colaboración de idóneos no prosperó. 

La movilización de la central de trabajadores realizada hace una semana no tuvo el correlato en la reflexión y en la respuesta de parte del gobierno. El triunvirato no mencionó la fecha del paro porque creyó que la impactante movilización de 350 000 personas que padecen en carne propia efectos de una política que los aleja de vivir de sus trabajos, produciría que el gobierno reaccione interpelándose y  reoriente algunas de sus políticas.

Este jueves el consejo directivo de la CGT anunciará un paro nacional en abril. Uno de los cosecretarios le dijo al ministro de Trabajo Triaca por estas horas “si no les hacemos un paro, en un mes ni siquiera nos atenderán un teléfono. También te digo que si la CGT se rompe en un mes ustedes se quedarán sin un necesario interlocutor”. A propósito del ministro Triaca está absolutamente convencido que con el mismo método que en el 2016 midió el desempleo, hoy monitorea su recuperación. Es más, cree que podrá recuperar entre 15 y 25 mil puestos de trabajo netos por mes de aquí hasta que termine su gestión. Se entusiasma con la construcción y los planes de vivienda, al igual que el sostenimiento de los Repro durante 9 meses renovables por igual periodo para aquel empresario que incorpore en blanco a un trabajador.  Sucede que los puestos de trabajo recuperados no coinciden con el nombre y el apellido de los cesanteados. Este problema social no encuentra respuesta.

La encrucijada en la que está el gobierno, especialmente el Presidente es dejar de estar a la defensiva ante posibles corrupciones que lo involucren –supuestamente está la Justicia para esto-  y desenamorarse de lo que no le está dando resultado y tener la sabiduría de cambiar. Sostener un “no hay plata” para quienes deben educar a los que nos gobiernen mañana, es enredarse entre el decir y el hacer. El Presidente siempre habla de un futuro maravilloso que sólo tendrán muy pocos, si la educación no se prioriza como política de Estado. 

No quedan dudas que hay una decisión univoca  en el  gobierno de sostener políticamente a la ex presidente Kirchner como la única alternativa a vencer en octubre. El gobierno apuesta lamentablemente a que agigantando la bandera de Cristina vuelve, ésta actúe de imán de votos que de no ser  por este miedo no retendrían. Es muy triste que en cambio de exponer al votante  proyectos políticos, se los conmine al miedo al pasado. El gobierno fogonea los extremos. Insisto, es necesaria la intersección. 

El peronismo sigue fragmentado y eludiendo la autocrítica que le corresponde no sólo por el kirchnerismo y la corrupción, sino por su responsabilidad ante la precarización del trabajo y la violación sistemática de su principal dogma: la justicia social. 

Sergio Massa no parece dispuesto a ganarle a Cristina Fernández de Kirchner como sí lo hizo en el 2013. Su estrategia sería  enfrentar a Macri no entendiendo que el peronismo tiene vacante su conducción.

 


Fuente: Sin Mordaza
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