Austral, el ocaso de un imperio

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El playón principal de Austral Construcciones es la postal de un imperio en decadencia: un cementerio de 200 máquinas viales y 900 vehículos de su flota resisten inmóviles el viento patagónico desde hace largas semanas. Ese mismo playón, ubicado en el distribuidor de ingreso a esta ciudad, era tan transitado como una avenida porteña durante el esplendor del kirchnerismo.

Austral creció y se consolidó durante el gobierno de Néstor Kirchner, que proveyó miles de millones de pesos de la obra pública. En ese mismo playón, reconvertido hoy en una postal de la desolación, se podían contar más de 3600 empleados y se gestionaban trámites para unos 500 proveedores durante la primavera kirchnerista.

Casi cinco meses después del desembarco del nuevo gobierno nacional, Austral está al borde de la quiebra. El imperio de Báez sufrió tres golpes que lo dejaron en la lona: la cancelación de los contratos de obra pública que ejecutó el macrismo, la pelea con la familia Kirchner y la detención de su jefe. Ahora Austral es conducida por Luciana Báez, una de las hijas del empresario, que se esfuerza para que el Titanic permanezca a flote. No será fácil: contrajo deudas por más de $ 800 millones y despidió, por lo menos, a 1500 empleados, confiaron a LA NACION fuentes de la empresa.Austral no registra actividades comerciales, no percibe ingresos y sus activos están congelados por las inhibiciones de sus proveedores, según constató LA NACION. “La empresa está parada. Dormida”, explicó una fuente cercana a los Báez. Y sospecha que las deudas con proveedores pueden acelerar la caída. “Un día se va a despertar alguno cruzado y le van a pedir la quiebra. Ahí se termina todo”, agregó el interlocutor, que ya no tiene esperanzas de que Austral vuelva a despertar.

La nave insignia funcionó a todo vapor durante el kirchnerismo. Sólo poner en marcha las máquinas -que se cotizan en unos 100.000 dólares cada una- insumía un millón de litros de combustible por mes. Otra foto nostálgica del imperio: Austral tenía más empleados que el municipio de Río Gallegos.

El despegue de Austral le permitió a Báez soñar en grande: quería ser gobernador de Santa Cruz en 2011. “Lo midieron en 2010 y las encuestas le daban muy bien. Austral era el motor de la economía de Río Gallegos. Si a la empresa le iba mal, a la gente de los barrios le iba mal”, resumió una fuente de trato cotidiano con el empresario.

Pero la muerte de Kirchner fue el principio del fin, el comienzo de un largo derrotero, coincidieron las fuentes cercanas a la familia consultadas por LA NACION. “Néstor era su único operador. Se le acabó el ancho de espadas. Además, ya tenía muchos enemigos dentro del gobierno. Desde ese momento fueron sosteniendo el negocio como pudieron”, resumió un operador que lo conoció.

La ausencia de su amigo lo obligó a refugiarse en la provincia, donde multiplicó las obras ejecutadas por el gobierno santacruceño, entonces a cargo de Daniel Peralta, pero que eran financiadas por el gobierno nacional. Refugiado en Santa Cruz, el emporio de Báez estaba lo suficientemente consolidado como para soportar algunos años. La sociedad contaba con 29 inmuebles a su nombre. Hasta le compró otras nueve propiedades a la familia Kirchner, incluido el condominio que comparten en El Calafate.

Las revelaciones periodísticas lo expusieron a Báez. “Los empresarios lo miraban de reojo. Los bancos no le querían abrir cuentas porque ante cualquier movimiento financiero de Austral Construcciones saltaba un ROS (Reporte de Operaciones Sospechosas). Sólo podía operar con el Banco Nación y el Banco de Santa Cruz”, detalló alguien cercano al empresario.Quedar desplazado en la licitación por las represas Kirchner y Cepernic terminó de sentenciar sus problemas financieros. Justo Báez, que se había acostumbrado a ganar la mayoría de los concursos con Austral. La obra finalmente quedó para Electroingeniería y la empresa china Gezhouba.

El vínculo con los Kirchner nunca se recuperó. La relación tocó fondo cuando, en pleno conflicto por la suspensión de los contratos con Vialidad Nacional, Báez cruzó a la gobernadora Alicia Kirchner y dejó trascender que le había comprado un vivienda. El hundimiento de Austral trajo sus coletazos a la gobernadora, que tuvo que enfrentar protestas por más de 1500 despidos y más de 45 días de rutas cortadas. La provincia también deberá afrontar las obras inconclusas -pero pagadas por adelantado- que dejó la empresa.

Con Báez preso y su hijo Martín en la mira de la Justicia, Luciana Báez quedó a cargo de la empresa. Se volvió una experta en cartas documento. Ella es ahora la única que tiene firma autorizada para los cheques. De perfil bajo, como el resto de sus hermanos, Luciana viaja todos los días hasta las oficinas de Austral. Ayer también fue blanco de los allanamientos.