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31-03-2013 | OPINION | OFICIALISMO SIN PLANES

Novaro analizó el futuro de "el modelo"

Marcos Novaro es sociólgo y doctor en filosofía, dirige el Programa de Historia Política del Instituto Gino Germani y la Red de Archivos Orales de la Argentina Contemporánea.

Para el sociólogo y politólogo Marcos Novaro las elecciones legislativas de octubre estarán dominadas enteramente por el peronismo, ya sea en su vertiente oficialista (kirchnerista) u opositora (PJ disidente o Federal). En esa suerte de pan-peronismo también talla la estrategia del PRO de Mauricio Macri, quien pretende llevar de candidato al ex ministro de Economía Roberto Lavagna, quien, a su vez, pone como condición incorporar dirigentes vinculados a Hugo Moyano.

"No hay ningún tipo de discusión moral o de principios para tejer las alianzas: lo hacen porque lo tienen que hacer", agrega crudamente Novaro, y especula que en esos comicios puede haber un retroceso del gobierno de Cristina Fernández por los malos datos que arroja la economía. "La figura de la presidenta está en caída, no sólo en términos de encuestas sino en la capacidad de generar con discursos hechos políticos", asegura. Además, sostiene que la relación entre Cristina y Daniel Scioli ya está quebrada y que el kirchnerismo preferiría perder en 2015 antes que ver al gobernador bonaerense como presidente.

Novaro, junto con el economista y escritor Eduardo Levy Yeyati, acaba de publicar el libro "Vamos por todo", donde revisa de manera crítica y por capítulos diez medidas polémicas que sustentan el modelo kirchnerista desde 2003 hasta la fecha. En uno de esos ítems se detiene a analizar el intento de reforma constitucional para habilitar un eventual tercer mandato de Cristina.

-A pesar de que la presidenta dijo públicamente que no habrá reforma constitucional, usted dice que intentarán hacerla. ¿Cuál es el dato real para afirmarlo?

-Hay un trabajo con esa hipótesis. Un sector importante del gobierno y de los gobernadores del PJ tienen esa preferencia. Aunque no lo digan y sea una entre varias estrategias, está en el menú de opciones que tiene Cristina. Pero me parece que el gobierno se ha enredado con el tema, porque tiene mucho rechazo en la sociedad y le genera conflictos con sus aliados. La verdad es que no logran avanzar ni cohesionarse a través de ese proyecto. Es una idea que supone más costos que beneficios.

-Primero se tiene que declarar la necesidad de la reforma, lo que requiere los dos tercios del Congreso. Aun haciendo una buena elección legislativa, al kirchnerismo no le van a dar los números. ¿Cómo hará?

-Ahí hay una discusión sobre si el gobierno logrará romper las bancadas opositoras para sumar aliados, comprando incluso voluntades. Esa hipótesis me parece muy difícil de manejar. Una de las pocas cosas que hizo bien la oposición fue firmar un documento en contra de las reforma y la re-reelección. Este es un tema que coordina a los opositores y descoordina al gobierno.

-Pero el FAP, por ejemplo, inició una campaña contra la reforma y algunos de sus diputados se fueron a festejar el triunfo de Hugo Chávez en Venezuela, que había conseguido una re-reelección indefinida...

-El FAP tiene un problema porque en él conviven sectores que en algunas cuestiones ideológicas e institucionales no están tan alejados del kirchnerismo y, en todo caso, le reclaman al gobierno un populismo de izquierda aún más audaz y profundo. Por eso, dicen que el kirchnerismo es una izquierda falsa, por lo que no se sabe si le están reclamando que sea más chavista o menos chavista.

-¿Cómo ve este armado de sectores del PJ liderados por De la Sota y la alianza que intenta armar Macri con Lavagna?

-Hay varias peleas simultáneas en el peronismo porque durante toda esta década nunca fue orgánico. El gobierno en determinado momento sacó provecho de esas divisiones, y en otros pagó costos, como en el conflicto del campo y en las elecciones de 2009. La pregunta es si volvemos a una situación de ese tipo, donde las divisiones del peronismo terminan perjudicando al gobierno. Yo creo que va a pasar algo parecido a 2009, porque va a haber una competencia por el voto peronista. La discusión es si habrá dos o más listas del peronismo en provincia de Buenos Aires, con Daniel Scioli jugando por afuera, al igual que Sergio Massa. Esto también se replica en el resto de las provincias, por lo que va a haber un cruce de competencias internas del PJ que comprende a todo el electorado.

-¿Cómo hace Macri para explicar una alianza con Lavagna, quien, a su vez, pone como condición que se integre Moyano, cuando hasta no hace mucho decía las peores cosas del líder de la CGT?

-No hay ningún tipo de discusión moral o de principios para tejer las alianzas: lo hacen porque lo tienen que hacer. En esta situación donde todos compiten por sectores del peronismo, y a su vez el peronismo compite por todo el electorado, el clima se vuelve inestable porque las posibilidades de alianzas son casi infinitas. Eso, para el sistema político, es malo y estimula todo tipo de comportamientos especulativos. Es el fruto del modo en que se construyó el poder político desde el Estado. El kirchnerismo disolvió los partidos, incluso el propio, y no tuvo interés en darle alguna estructura partidaria porque asumió que eso condicionaba su poder. Los demás reaccionan en función de eso.

-¿Si no es Cristina, a quién ve tomando la posta del llamado modelo?

-Esto es un problema básico que el gobierno no ha podido resolver. No es que tiene un plan A, porque la reforma no es un plan en sí mismo; tampoco tienen un plan B, entre otras cosas porque se les incineró (Amado) Boudou. Y al ser un régimen tan personalizado genera un desierto alrededor, donde no crece nada y cualquiera que asome la cabeza se la cortan. Hay mucha concentración de la legitimidad en una sola persona, los demás son soldados. Los pocos que aparecen tienen bastante problemas para definir un perfil propio. De todos modos, el peronismo puede inventar candidatos. (Sergio) Urribarri, (Juan Manuel) Urtubey y (Jorge) Capitanich están a la sombra de Cristina apostando a que no se habilite la reforma y uno de ellos sea bendecido.

-¿Lo ve a Scioli continuando el proyecto kirchnerista?

-No, para nada. Scioli no va a ser, en ningún caso, electo por Cristina. Esa relación ya está quebrada. No digo que haya sectores kirchneristas que terminen con Scioli. Todo puede cambiar, pero me parece que el kirchnerismo prefiere perder en el 2015 antes de ponerle la banda presidencial a Scioli.

-Se habla que el "efecto Bergoglio" está cambiando el discurso de Cristina. ¿Cree que lo hace por convicción o por pose?

-No me parece creíble. En el aniversario del 24 de marzo dijo que la recordación del golpe de Estado no era propiedad de un solo sector. Me parece que es demasiado tarde para decir que los derechos humanos no son un arma de la facción contra el resto. Llega muy tarde en esta corrección: esto ha sido así durante diez años y nadie puede creer en lo que dijo Cristina. Está el antecedente de un discurso moderado en la campaña de 2011, donde lo hizo realmente bien, pero era un contexto muy diferente al actual: su viudez y la recuperación económica potenciaban su imagen. Hoy no tiene ninguno de esos dos instrumentos para recuperar ese prestigio. Si insiste un poco con esta idea religiosa de su liderazgo y le da un carácter de homilía, de comunión, a su discurso me parece que va a diluir incluso los rasgos que la sociedad le sigue valorando, que es el carácter de peleadora apasionada, que siempre va al frente. No le van a creer los que ya no le creían, ni tampoco va a seguir convenciendo a los que antes convencía. Cuando un gobierno malo empieza a corregirse tarde, es el peor momento, porque ya se empieza a desarmar su perfil. Yo creo que la figura de Cristina está en caída, no solo en término de encuestas, sino en la capacidad de generar con discursos hechos políticos.

-¿Su persuasión sobre la caída de imagen de Cristina tiene que ver con los datos económicos o va más allá de eso?

-La economía argentina no crece y el gobierno debe mostrarse capaz de modificar esa tendencia. Pero no hay ninguna señal que indique que está en condiciones de hacer eso. Al actual pesimismo social no lo va a revertir con un discurso de reconciliación.

 

Fuente: SM
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