El acné afecta aproximadamente al 80 por ciento de los adolescentes en todo el mundo. Si bien no es una patología grave, puede convertirse en una pesadilla para quienes la sufren, y puede provocar consecuencias psicológicas tales como la baja autoestima y la depresión. En la actualidad existen variados y efectivos tratamientos para cada tipo de acné, inclusive para las manifestaciones más severas.
De acuerdo con estudios epidemiológicos internacionales, cerca del 80 por ciento de los chicos de entre 12 y 18 años deben enfrentarse en algún momento de su adolescencia a la impetuosa aparición de granitos o puntos negros. El grano, además de ser una marca antiestética y molesta para cualquiera, es un fenómeno mucho más complejo de lo que aparenta. Su aparición está relacionada con las hormonas.
Durante la pubertad, tanto en el varón como en la mujer, por la acción de las glándulas sexuales, empieza a aumentar la producción de algunas hormonas (andrógenos) que hasta entonces no ejercían ningún efecto sobre el organismo. La testosterona, hormona masculina que está presente tanto en hombres como mujeres, actúa en el nivel de la glándula sebácea estimulándola. Entonces, la piel comienza a engrosarse, los poros se dilatan, especialmente en la zona del centro facial, aparecen una serie de cambios en el cabello, como la presencia de caspa o mayor grasitud.
En las personas con acné sucede que el exceso de sebo producido por las glándulas sebáceas, no es eliminado normalmente por el canal folículo pilosebáceo (poro). El sebo atrapado junto con las células muertas produce un tapón, más específicamente en la región infrainfundibular; la secreción continúa pero no puede salir. Entonces se produce una dilatación en la zona, y aparece la primera lesión de la acné, el comedón.
¿Por qué a afecta a unos más que a otros?
Los médicos explican que el acné de la pubertad es inevitable, porque depende de una predisposición genética y de las características de cada tipo de piel. Pero algunos factores pueden exacerbarlo, entre ellos los nervios y la depresión. Los expertos aseguran que se trata de una mayor sensibilidad a la testosterona en el nivel del folículo piloso.
Si bien el acné es un trastorno característico de la adolescencia, algunas personas lo sufren más allá de los 20 o 30 años, y en muchos de estos casos tiene que ver con desequilibrios hormonales. Otras veces las erupciones cutáneas son provocadas por alguna otra enfermedad o por medicamentos; en estos casos se trata de afecciones acneiformes. Entre las sustancias que pueden generar acné todas aquellas vitaminas del grupo B, los remedios ricos en yodo o bromo, los corticoides, los anabólicos, entre otros.
Se sabe que la dieta tiene escasa o nula influencia sobre el acné. No obstante, algunas personas son sensibles a ciertos alimentos. Eliminarlos de la dieta durante varias semanas para después incluirlos de nuevo puede ayudar a determinar su verdadera influencia sobre este proceso dermatológico. Algunos cosméticos pueden empeorar la aparición de granos.
Distintos tipos de acné
El acné no siempre ataca de la misma manera. De acuerdo con cada paciente, puede ser o no inflamatorio. El más leve se caracteriza por la aparición de puntos negros formados por un tapón de sebo y queratina (la proteína que forma la capa más superficial de la piel), que pueden eliminarse sin complicaciones.
Pero también puede producirse una inflamación secundaria, que se manifiesta en forma de pápulas y pústulas. Las primeras se definen como tumorcillos cutáneos (masas de tejido anormal) eruptivos, mientras que las pústulas son elevaciones rojizas y dolorosas causadas por una inflamación con pus en la superficie.
En algunos chicos muy sensibles pueden producirse lesiones inflamatorias más profundas, llamadas lesiones nodulares. Es habitual que, teniendo en cuenta su tamaño y forma, a las pápulas y pústulas se las englobe bajo el término genérico de microquistes y a los nódulos se los llame quistes.
Pero, ¿por qué las lesiones del acné van principalmente a la cara, el pecho y la espalda? Porque son lugares donde hay folículos pilosos sebáceos (en los que el pelo es muy finito -vello- pero la glándula sebácea es enorme). Es justamente en el nivel de esos folículos donde ocurren los cambios mencionados que conducen al acné.
Siempre hay un tratamiento
El acné se trata en equipo, conformado por el dermatólogo, la cosmetóloga y el paciente. Aunque no puede prevenirse, puede controlarse con un diagnóstico temprano y un tratamiento adecuado. Se pueden emplear lociones, cremas o geles sobre la base de ácido retinoico y sus derivados. Con el tiempo los comedones se abren y la piel mejora. En ocasiones se administran antibióticos por vía oral, y/o tópica.
A algunos jóvenes con acné, pero que además sufren otros trastornos, se les puede administrar bajo estricta supervición médica drogas que son antiandrogénicos, esperando que la situación se regule en un período de meses.
Las recomendaciones de los especialistas para los pacientes con acné es que eviten el manoseo ya que esto aumenta la inflamación, la infección y puede dejar cicatrices. Por otro lado, se aconseja utilizar jabones suaves y neutros para lavar la cara. En algunos casos el médico puede indicar jabones azufranados. Pero si bien la higiene es una buena medida, hay quienes abusan de ella porque creen que lavándose la cara muy seguido y frotándola van a mejorar el aspecto de la piel, cuando en realidad la irritan más.
En algunos pacientes, una vez curado el acné, quedan cicatrices. Existen distintos tratamientos que pueden mejorar en un 50 por ciento el aspecto de la piel. Entre ellos se encuentran los peelings con distintos tipos de ácidos, la dermoabrasión (el pulido quirúrgico de la piel), y la utilización del láser. Pero lo ideal es controlar el acné de manera adecuada para evitar tener que recurrir a estos pulidos posteriores.
Fuente: Buenasalud.com
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