El Centro de Investigación, Estudio y Capacitación Eclesiástica y Teológica, conjuntamente con la Confraternidad de Líderes Cristianos, Organizaciones Eclesiásticas e Iglesias Cristianas Evangélicas (de la ciudad de Rosario y Zonas Aledañas - Provincia de Santa Fe), se unen en oración y reflexión, con la sociedad argentina, durante el mes de Marzo del año 2.006, en diferentes actividades, donde se recordaran los "30 años del Golpe de Estado de 1.976", para una real reconciliación nacional, justicia y perdón cristiano " ... invocando la protección de Dios fuente de toda razón y justicia...".
Como Organizaciones Eclesiásticas recomendamos la lectura del libro "Iglesias Evangélicas y Derechos Humanos en la Argentina - 1.976 / 1.998 " - Pablo R. Andiñach / Daniel Bruno - Ediciones La Aurora, quienes plantean en la introducción " ... la presente obra muestra el desempeño de las iglesias evangélica durante la dictadura militar del período 1976-1983 y durante el período posterior de la democracia hasta el presente (1984-1999), en lo que hace específicamente a la tarea de denuncia frente a la violación de los derechos humanos y al acompañamiento pastoral de las victimas de la represión y sus familiares ..." y en el V. Conclusión. Pensamientos y evaluaciones " ... el recorrido de casi veinticinco años de testimonio de las iglesias en Argentina nos deja un grupo de pensamientos y sabores que tendrán que ir madurando en los primeros años del próximo siglo.
Una primera observación es que la respuesta de las iglesias ante la dictadura reflejó la misma polarización en la que se vio envuelta la sociedad argentina en su conjunto. Por un lado, estuvieron aquellas iglesias que se enfrentaron con el gobierno y denunciaron las violaciones a los derechos humanos. Por otro hubo iglesias que optaron por el silencio y en algunos casos llegando al borde de la complicidad. Pero es necesario matizar esta observación toda vez que observamos que en el interior de cada iglesia se produjo la misma polarización. Hubo quienes apoyaban la acción a favor de las victimas por parte de su propia iglesia y otras denominaciones, y quienes en la misma iglesia - en ocasiones en la misma congregación- se oponían a que la iglesia se involucrara en cuestiones políticas, argumentando que su fin es atender los problemas espirituales de la población o por afinidad política con el gobierno de facto. Este hecho llevó a no pocas situaciones desagradables, enojos y distanciamiento entre hermanos y hermanas, cuestionamientos de pastores y obispos y, en determinados casos -y en ambos grupos-, el abandono de la iglesia. Pero esta situación también fue reflejo de las divisiones, enfrentamientos y sinsabores en el interior de las familias, en los ámbitos culturales, del deporte, del periodismo y otros donde la virulencia y el conflicto político solía ser aún más fuerte.
En segundo lugar deseamos señalar que en aquella Argentina donde expresar oposición al gobierno era un riesgo, hubo quienes desde distintos lugares entendieron que debían ser testigos de lo que les tocaba vivir. Las iglesias no sólo no fueron una excepción a esa actitud sino que en más de un momento fueron los únicos espacios donde, por razones estratégicas, era posible que una voz se oyera con un nivel algo menor de riesgo que en otros lados. De modo que hicieron uso de ese indeseable privilegio que a la larga no fue tal, ya que a poco de comenzar a manifestarse se desarrolló contra ellas el mismo aparato represivo organizado para combatir a un ejército armado. Obispos, pastores, laicos fueron perseguidos y asesinados, reprimidos hasta el silencio u obligados al exilio. Se evidenció que cuando las instituciones religiosas dejaron su rol tenido por tradicional y asumieron la denuncia de las injusticias y atropellos, y aun cuando éstas fueron hechas por vías pacíficas y en busca del diálogo y sin el fin de acceder al poder, la dictadura las identificó como parte del enemigo social y recibieron el mismo trato que las organizaciones violentas o guerrilleras.
En tercer lugar vemos que la acción solidaria y el amor evangélico para ser efectivo requirió de una estructura que lo organice. Así comenzaron los servicios específicos de asesoramiento legal y ayuda financiera a familiares de presos y desaparecidos. Estas tareas luego se fueron profundizando y, con el correr del tiempo y el paulatino debilitamiento del gobierno militar, las actividades se fueron haciendo menos clandestinas y más diversificadas. Se organizaron talleres, bolsas de trabajo, grupos de ayuda mutua. Paralelamente a esto las iglesias no dejan de aportar su apoyo pastoral a quienes lo necesitan. Son miles las personas que afectadas física y materialmente se sintieron vacías y solas. Llegaban a los pastores y pastoras, sacerdotes y rabinos buscando una palabra que los ayude a llevar adelante la situación de horror que estaban enfrentando. Hemos dicho en páginas anteriores que esa es la parte del testimonio que no está documentada en nuestra investigación, y que probablemente nunca estará, porque corresponde a esa área de la tarea cristiana que no se registra en actas, ni en moldes de imprenta, ni reclama monumentos de bronce.
Luego vino la época de la reconstrucción de la democracia y con ella la creación por parte del gobierno constitucional de la CONADEP. Muy lentamente la sociedad argentina iba asumiendo la tragedia de los años anteriores. Lo hacía con temor y por momentos con poca voluntad ya que lo que había que ver no era una fiesta para los ojos sino el horror sospechado, la profunda negritud de la muerte intuida. Y allí se pudo oír la voz humilde pero firme de Jaime de Nevares, Marshal Meyer y Carlos Gattinoni que expresando el sentir de tantos otros marcaron rumbos éticos para los creyentes de su generación y legaron un modelo de vivir la fe que iba a marcar a quienes los sucedieron. Ellos supieron estar de pie en medio de las contradicciones del marco político para garantizar que la verdad sería dicha, y que cada testimonio del horror sería escuchado y rescatado del olvido.
Una última observación. En el decir de varios de los entrevistados en este trabajo se enfatizó el sentimiento de que aquello que fue el motor evangélico de toda acción cristiana en defensa de las victimas de la represión ilegal fuera más explícito en los espacios congregacionales donde muchos hermanos no llegaban a entender el origen religioso del compromiso con la vida. Se hubiera ganado en comprensión y se hubieran evitado heridas que en cierta medida aún hoy subsisten. Porque allí donde hubo quienes alentaron a sus líderes en su compromiso y se identificaron con ellos, pero donde también hubo quienes no entendieron lo que hacían y porqué lo hacían, se produjeron quiebres que lastimaron la vida de la iglesia. Puede pensarse que los hechos fueron sucediéndose muy velozmente y que no hubo posibilidad material ni tiempo real para asimilar todo lo que sucedía y esperar a que madurara dentro de la dinámica siempre algo lenta de las iglesias. También que hay momentos en que primero se actúa y después se explica, sencillamente porque detenerse y distraer tiempo en justificar teológicamente la necesidad de la protección de la vida humana amenazada, de un niño secuestrado, de una mujer torturada, de un joven desaparecido, sería una frivolidad intelectual que luego nadie -ni nosotros mismos- nos perdonaríamos. Pero de hecho faltó tomarse ese tiempo, decir esa palabra de clarificación, explicar una vez más aquello que no se entendía.
Recorrer los días y los hechos hace surgir en el pensamiento una fuerza inmensa que llama a la esperanza. Porque el descenso a los infiernos que significó abrir los ojos a una realidad atroz, y la valentía de aquellos que pudiendo mirar para otro lado decidieron en fidelidad a Dios encarar la tarea de echar luz donde las tinieblas habían ya plantado su campamento, no puede menos que invitarnos a mirar con gratitud hacia atrás y con responsabilidad hacia adelante ...".
Por todo ello el CIECET, la CLC y Organizaciones Eclesiásticas Cristianas proclaman la "Palabra de DIOS", en oración y acción, para nuestra amada Nación Argentina ... " ... Otra vez Jesús les hablo, diciendo: Yo soy la luz del mundo, el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida ... Si vosotros permaneneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulo; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres ..."(Juan 8:12, 31-32).
Pastor Carlos Agustín Luque Ahubán
Centro de Investigación, Estudio y Capacitación Eclesiástica y Teológica
Ciudad de Rosario, Marzo 12 del 2006 (ANNO DOMINI).
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